Guerra Rusia y Ucrania

La trampa europea que Putin preparó durante años: el grifo del gas

Europa mantiene una carrera contra el reloj para reducir su dependencia de los combustibles rusos lo antes posible. Los 27 siguen financiando la guerra de Putin pagando hasta 800 millones de euros cada día por el suministro de gas, petróleo y carbón. Los gobiernos hacen cuentas a la desesperada para ver cómo diversificar los proveedores y salir, más pronto que tarde, del chantaje ruso.

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Durante los últimos meses del año pasado, las autoridades europeas notaron que los flujos del gas que venían desde Moscú eran discontinuos. Vaivenes significativos, a veces alarmantes, pero en la UE entonces solo preocupaba la Covid-19 y que llegaran las vacunas a tiempo. Nadie sospechaba que el Kremlin llevaba tiempo jugando con el grifo del gas, abriendo y cerrando las bombas, para provocar una subida de los precios que le permitiera ganar más dinero y ahondar en la dependencia comunitaria.

La guerra en Ucrania ha supuesto un despertar para los europeos. Ahora sabemos que nos enfrentamos a la crisis energética más importante de las últimas décadas y que va a requerir decisiones difíciles y sacrificios comunes. Los mismos países que hace 8 años, tras la invasión de Crimea, prometieron que reducirían su dependencia de Rusia, ahora reconocen que no solo no la han reducido, sino que esa dependencia ha ido a mucho más desde entonces. Y Alemania ha sido el principal sospechoso, acercándose políticamente al Kremlin y llegando a poner en marcha el segundo gasoducto Nord Stream 2.

La UE quiere reducir dos tercios las importaciones

Actualmente, los 27 se han visto forzados a acelerar sus planes para diversificar los suministros, pero no es nada fácil. La UE compra el 90% del gas que consume fuera de sus fronteras. Y el 41% proviene de Rusia, que también es nuestro principal distribuidor de crudo y combustibles fósiles. Una factura que supone casi 800 millones de euros, que los europeos enviamos cada día a Moscú.

La presidenta de la Comisión Europea ha puesto ya los deberes. Para final de 2022 la UE debe haber reducido su dependencia actual en dos tercios. Y quiere que cada mes de octubre los depósitos de gas comunitarios estén, al menos, al 80% de su capacidad, como forma de afrontar posibles cortes inesperados del suministro.

Los Bálticos dan el paso

Los países bálticos han tomado la delantera. Están manteniendo el tono más agresivo contra Putin y ahora lo han traducido en acciones concretas. Desde el pasado 1 de abril ya no importan gas natural desde allí. El presidente de Lituania, Gitanas Nauseda, ha pedido al resto de los socios comunitarios que sigan el mismo camino: "Si nosotros podemos hacerlo, el resto de Europa también puede".

Italia y Alemania son las dos grandes potencias que se siguen atrapadas en la tela de araña de Vladimir Putin. No consiguen escapar, aunque los italianos se están moviendo rápido. La semana pasada ya cerraron un acuerdo energético bilateral con Argelia, por el que aumentarán un 40% sus compras desde el norte de África. Su primer ministro, Mario Draghi, además, está en contacto con Qatar o Azerbaiyán. Su objetivo es poder suplir al menos la mitad de los 29.000 millones de metros cúbicos de gas que le compraron a Rusia el año pasado en 2023, y ya desconectarse completamente en 2024.

Alemania está en el punto de mira de todas las críticas, ya que es uno de los estados que está frenando el veto a los combustibles rusos a nivel europeo. Berlín se ha visto obligado a cambiar completamente su modelo energético en pocas semanas y reconocen que necesitan tiempo para asimilar una transición tan grande y compleja. El gobierno de Olaf Scholz arrastra los pies porque advierte de que, si cortara hoy mismo las compras por completo, se verían obligados a parar muchas fábricas, habría problemas de suministro en algunos hogares y el país podría caer en recesión. Un golpe económico que, evidentemente, sufriría toda la zona euro en su conjunto, incluido en España.

Dinamarca ha sido el último en anunciar un nuevo plan energético. El gobierno ha decidido aumentar un 25% la producción de gas natural en sus campos del Mar del norte e ir eliminando gradualmente su consumo total para así, lograr independizarse de Rusia. La primera ministra ha reconocido que "es mejor producir gas en el Mar del Norte que comprárselo a Vladimir Putin".

La solución llega en barcos metaneros

La Unión Europea tiene claro que, a medio plazo, la única alternativa viable al gas ruso es el GNL, es decir, la importación de gas natural licuado que llega a través de barcos metaneros. Las turbulencias en los mercados ya están haciendo que los últimos meses hayan batido todos los récords históricos de llegada de este combustible.

El sistema GNL podría otorgar un papel importante a España, ya que nuestro país alberga un tercio de las plantas regasificadoras de todo el continente. De las 22 que hay en la Unión, 7 están en territorio español, mientras que Francia cuenta con 4 y Alemania con solo 1. Así que podríamos convertirnos en la puerta de entrada a Europa, recibiendo en nuestros puertos a estos grandes barcos que llegan desde Estados Unidos, Qatar, Nigeria, Noruega o Japón.

El gran problema es nuestra poca conexión con el resto del continente europeo. Los gasoductos que nos unen con Francia son demasiado pequeños y eso hace que no podamos enviar un volumen suficientemente importante como para cubrir las cifras que llegaban desde Rusia.

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