Guerra Rusia-Ucrania

TikTok, Telegram y Twitter, testigo de los crímenes de guerra en Ucrania

Las redes sociales se han convertido en los testigos incómodos para el régimen de Putin. A través de las publicaciones que aparecen en ellas, ciudadanos de cualquier parte del mundo pueden saber lo que está ocurriendo en Ucrania y las dimensiones de la masacre humana.

Un hombre pasa frente a automóviles destrozados apilados en Irpin

Un hombre pasa frente a automóviles destrozados apilados en Irpin EFE

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Las imágenes publicadas en redes sociales desde el 24 de febrero podrían ser cruciales para investigar si se están cometiendo crímenes de guerra en Ucrania. Este material se conoce como información de código abierto, es decir, está disponible gratuitamente en línea y ha transformado por completo la forma de investigar las violaciones de derechos humanos.

La inmensa mayoría de este contenido audiovisual lo crean personas que hace unos días utilizaban sus cámaras para hacerse 'selfis' durante las vacaciones o su rutina diaria. Ahora, encienden su cámara para grabar el paso de un convoy ruso por su ciudad o para enseñar la explosión que ha provocado una bomba cerca de su casa.

El problema es que, en medio de la guerra, los transeúntes rara vez piensan en un juicio penal posterior. Por eso los expertos, alientan a los testigos presenciales a filmar puntos de referencia y edificios conocidos en sus imágenes de crímenes de guerra. También hay aplicaciones para teléfonos móviles que pueden ayudar a este fin como la desarrollada por la Asociación Internacional de Abogados, llamada eyeWitness.

Hay otros proyectos, como el de Bellingcat, una página web de investigación, que ha creado una base de datos para preservar y archivar los vídeos y fotografías verificadas de la guerra. De esta manera estarían todos reunidos en una misma plataforma por si un día pueden servir como evidencias en una comisión de crímenes de guerra o de lesa humanidad.

Los investigadores de crímenes de guerra también están luchando contra la opinión generalizada de que no se puede confiar en las imágenes en línea y buscan fórmulas para ayudar a su credibilidad. Por ejemplo, la Universidad de California ha desarrollado reglas para el uso de material digital de código abierto, llamado Protocolo de Berkeley.

La pregunta a la que se enfrentan los fiscales de crímenes de guerra es cómo asegurarle a un juez que el vídeo no es falso ni está manipulado por razones políticas. Para ello, lo habitual en los tribunales nacionales es llamar a la persona que lo filmó para que preste testimonio, pero este procedimiento no siempre es posible porque, en el contexto de la información de código abierto, a menudo se desconoce al creador, no se le puede preguntar cómo se ha creado un vídeo, si ha sido manipulado o si alguien más pudo manipularlo.

En Ucrania, también se han documentado evidencias de violación de derechos humanos a partir de los testimonios de los supervivientes. Por eso, los expertos insisten en que, a pesar del contenido audiovisual, los relatos de testigos presenciales no deben ser eclipsados ni subestimados.

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