La aerolínea Southwest ha cancelado más de un centenar de vuelos como resultado de las inspecciones voluntarias que está llevando a cabo la compañía después de que una pasajera muriera tras estallar uno de los motores del avión en el que viajaba, lo que llevó a la piloto a realizar un aterrizaje de emergencia. La compañía ha cancelado este lunes 129 vuelos, un 3% del total de los vuelos programados, y ha retrasado 468, un 11%.

Las inspecciones tendrán lugar durante los próximos seis meses y se centrarán en los ventiladores de los motores CFM56-7B, el mismo modelo que explotó en pleno vuelo. El presidente de la Comisión de Transporte de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Bill Shuster, ha presentado una enmienda a la legislación vigente que implica que los reguladores garanticen la seguridad de los motores e informen al Congreso. El jueves pasado, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) informó de que ordenó que se inspeccionara unos 700 motores de aeronaves después de que tuviera lugar el accidente. Southwest, por su parte, ha asegurado que las cancelaciones no se deben a la decisión de la FAA.

La explosión del vuelo 1380 de Southwest tuvo lugar a los 20 minutos de que el avión, con destino Pensilvania, despegara en el Aeropuerto de LaGuardia de Nueva York con 149 personas a bordo. La explosión provocó la rotura de una ventana. El presidente de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSC), Robert Sumwalt, ha aseverado que una investigación preliminar indica que faltaba una hoja del ventilador del motor, que aparentemente se había roto. Se trata del primer accidente de aviación comercial estadounidense desde 2009, según las estadísticas (NTSB).