La voluntad de Vincent Lambert había sido una incógnita porque no dejó por escrito ni testamento ni ninguna otra indicación. Su esposa, dos de sus hermanos y un sobrino mantuvieron siempre que su deseo era ser desconectado en caso de que se quedara en estado vegetativo. Sus padres y seis de sus hermanos, se negaban. Argumentaban que seguía consciente y que reaccionaba a las visitas y a las palabras de sus familiares.

Lo que queda en duda, es quién lleva la razón. Si sus padres y la mayoría de sus hermanos porque consideran que Lambert no atraviesa un estado vegetativo sino una discapacidad. La Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que ha respaldado esa opinión, así como multitud de médicos franceses que publicaron una carta conjunta en Le Monde rechazando la desconexión.

Mientras su mujer, que era su tutora desde 2016, difiere. Los especialistas del hospital han explicado en numerosas ocasiones que el estado de Lambert es irreversible, que solo se mantiene vivo con la ayuda de las máquinas. Según la Corte de Casación, en el caso de Lambert no hay razones médicas para prolongar su existencia.

En Francia se estima que hay unos 1.500 pacientes en idéntica situación a Lambert. Su médico, Vicent Sánchez ordeno su desconexión en tres ocasiones durante los últimos seis años. Este verano la vía legal se agotó después de los recursos de sus padres. En 2019 hubo cuatro resoluciones judiciales aprobando y paralizando la desconexión. La última de las sentencias permitió a su médico apagar las máquinas de alimentación e hidratación y sedando poco a poco hasta su muerte.

Vincent Lambert, quedó tetraplégico y en estado vegetativo tras un accidente de tráfico hace once años. Sus familiares estuvieron más de una década entre pleitos y disputas judiciales.