En la masacre de Nueva Zelanda perdieron la vida jóvenes, ancianos y niños, pero alguna de las historias de estas víctimas son especialmente conmovedoras.

Es el caso de Naeem Rashid, convertido en héroe por tratar de quitar el arma al asesino. Su valentía le costó la vida y su hijo también murió en el ataque.

Abdul también intentó frenar a Brenon Tarrant para que no entrase en la mezquita. "Le arrojé un terminal de tarjetas de crédito, y me disparó cuatro o cinco veces. Logré protegerme entre los coches, pero él entró en el templo", cuenta.

El autor de la masacre, de 28 años, tenía perfectamente planificada la ofensiva. Además de retransmitirla en directo, envió diez minutos antes de su ataque un manifiesto justificando esta atrocidad a varios destinatarios, entre los que estaba la Primera Ministra del país.

Tarrant no muestra ningún signo de arrepentimiento. Muy al contrario, en la primera vista, ha desafiado al juez con este gesto distintivo de los supremacistas blancos.

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