Las quemas de los agricultores y ganaderos, sumada a la deforestación, parecen estar detrás de esta catástrofe. Cada minuto que pasa, una zona equivalente a la de un campo de fútbol arde en la Amazonía. En total, han ardido ya más de un millón y medio de hectáreas.

Ante la pasividad del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ciento de miles de personas salieron a las calles de Brasil y de medio mundo para pedir resposabilidades a la clase política. Ante la imposibilidad de esquivar el mensaje que la nación brasileña dirigía a su presidente, Bolsonaro finalmente ha ordenado la intervención del ejército.

En total, se han movilizado a 44.000 soldados situados en las zonas más afectadas. En todo el área afectado se puede apreciar la sombra de la muerte que deja el fuego, y donde el humo impide ver el Sol ni siquiera de día.

En la Selva boliviana se vive el mismo estado de desesperación, donde los voluntarios acuden esperanzados a apagar el fuego con simples botellas de agua. En situaciones de extrema gravedad como estas, toda ayuda resulta ser poca porque están perdiendo su Selva.

Los indígenas amazónicos piden a las instituciones internacionales que actúen para acabar con la catástrofe y pide el cese de las actividades humanas como la deforestación, para lograr obtener pastos y campos de cultivo, que dan lugar a estos fuegos criminales para la biodiversidad.

En lo que va de año, en Brasil se han producido más de 75.000 incendios. Mientras, Bolsonaro señala que la Selva es suya y el problema también, pero ya llega tarde.