Lleva meses exigiendo a los políticos de todo el mundo mano dura contra el cambio climático y, aunque a Greta Thunberg le gustaría dedicarse a la política, teme que cuando sea lo suficientemente mayor para hacerlo ya sea demasiado tarde. Greta (Estocolmo, 2003) reconoce que el tiempo pisa los talones de su generación: "No podemos esperar a que gente como yo crezca y seamos los que estemos a cargo de todo; hay que actuar ahora", urge en una entrevista con EFE.

Hace estas reflexiones sentada en el suelo entre los andamiajes del escenario desde el que, instantes después, se dirigirá a miles de jóvenes concentrados en la céntrica Piazza del Popolo de Roma, a los que ya es posible escuchar coreando su nombre. Como todos los viernes, los jóvenes italianos se manifiestan para pedir a los gobernantes medidas serias que atajen la crisis climática que a su parecer vive el planeta, una lucha que inició la joven haciendo huelga del colegio un día a la semana y concentrándose frente al Parlamento sueco.

"Hay muchas cosas a las que quiero dedicarme cuando sea mayor. La política me parece muy interesante y es una forma de marcar la diferencia, aparte de los actos de protesta". Pero insisto: "cuando sea lo suficientemente mayor para convertirme en política, ya será demasiado tarde", advierte Greta.

Quiere seguir estudiando, "me encanta la escuela, me encanta aprender, aunque alguien pueda pensar que no", asegura, pero sin que su activismo "se vea afectado por ello". A sus solo 16 años, Greta se ha convertido en un fenómeno mediático. Prueba de ello son los coros con su nombre desde el escenario, las pancartas que llenan el centro de Roma alabando su empeño o las decenas de periodistas que siguen cada uno de sus pasos.

"No me gusta la atención y no quiero que esto parezca mi movimiento. Este es nuestro movimiento. Pero tampoco puedo quejarme porque yo misma me he puesto en esta situación", recalca con especial insistencia, y siempre con su habitual rostro serio y sus características trenzas. Su objetivo, sostiene, es centrar el foco en la crisis climática y no en ella "como individuo", pero a nadie se le escapa que es, como mínimo, un ejemplo inspirador para jóvenes de todo el mundo.

Greta hace "pequeñas cosas" para cambiar sus hábitos. Por ejemplo es vegana, no toma ningún avión, recicla y ha reducido su consumo, un modo de vida al que ha conseguido sumar a su familia: su hermana pequeña Beata; su padre, el actor Svante Thunberg, y su madre, la popular mezzosoprano Malena Ernman.

Su forma de convencer, explica, es hablar de los hechos y no imponer ninguna de las opciones que ella ha elegido: "Nunca le digo a nadie 'tienes que dejar de volar' o nada similar. Les muestro los hechos, gráficos o estudios y les digo 'mira, esto es lo que emite un avión', por ejemplo", relata.

Greta quiere trasladar a la gente lo que ella sintió cuando a sus ocho años descubrió el cambio climático a través de fotos y películas que les mostraron en el colegio. "Pensé que era muy triste, no me lo creía", confiesa visiblemente apenada. No se lo creía, dice, porque "si había una crisis existencial" como el cambio climático "tendría que ser la prioridad" y "no lo era porque a nadie le importaba", recrimina.

Empezó a interesarse sobre este tema al darse cuenta de que la Humanidad afrontaba una tragedia: "Cuanto más leía más entendía. Y cuando lo entendí completamente me di cuenta de que era un drama", asiente visiblemente irritada. De este modo comenzó su lucha y su protesta que, convencida, dice que no abandonará hasta que Suecia, su país, cumpla con los Acuerdos de París. "Mientras esto no pase, seguiré todos los viernes frente al Parlamento sueco", adelanta, antes de salir al escenario para animar a los miles de jóvenes italianos a no abandonar su compromiso por un futuro ecológico y sostenible, a seguir su lucha.

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