La pérdida de importantes alcaldías, como Ankara, Adana y Antalya, y la posible derrota también en Estambul, ha sido un duro golpe para el partido islamista AKP y su líder y presidente de Turquía, Recep Tayip Erdogan, que había planteado las elecciones locales del domingo como un plebiscito sobre su gestión.

El socialdemócrata Partido Republicano del Pueblo (CHP) ha ganado también en Ankara, Antalya, Adana y Mersin, estas dos últimas hasta ahora en manos del derechista MHP, aliado del AKP. Pero este retroceso en el mapa electoral no se debe a un descalabro en los votos del AKP, que sólo ha perdido un 1 % del voto desde las municipales de 2014, e incluso ha subido un 2 % en toda Turquía respecto a las nacionales de junio pasado. Estos son los factores que pueden explicar este giro político, que puede tener consecuencias a nivel nacional.

El descontento entre los turcos por la mala marcha de la economía, la crisis de la lira en agosto pasado, la alta inflación -un 25% en los últimos meses, el doble de lo habitual durante la década- y quizás cierto cansancio del discurso vehemente de Erdogan pueden haber hecho mella en el electorado.

Pese a la titánica campaña y a la enorme red clientelar que ha creado con los años, el AKP no ha conseguido encontrar más votos que los que ya tenía. Sólo la alianza con el derechista MHP le ha permitido mantenerse cerca del 50 % de siempre.

La derrota del AKP se debe en buena medida al pobre resultado electoral de sus aliados ultranacionalistas del MHP, un partido que en municipios como Estambul renunció a presentar candidatos. Así, la suma de votos de AKP y MHP superó el 60 % a nivel nacional en 2014, pero sólo llegó al 53,6 % el año pasado, y ahora ha bajado al 51,6 %. La razón de esta bajada está en la escisión que sufrió esta histórica formación en 2017.