Ezra Stripe cuenta en una carta su experiencia como mujer LGTB y musulmana que va a las escuelas a enseñar a los más pequeños que está bien ser las dos cosas a la vez. Una vez fue a Birmingham a un colegio en el que alrededor del 75% de los estudiantes son musulmanes y varios le confesaron que eran LGTB pero que nunca se lo habían dicho nunca antes a nadie. "Casi todos los niños fueron extremadamente positivos, educados e hicieron muchas preguntas", señala, aunque añade que "a varios les habían dicho sus padres que las relaciones entre personas del mismo sexo son 'haraam' o pecaminosas".

"Algunos niños no tienen idea de que es posible ser tanto gay como musulmán porque nunca se les ha dado espacio para explorar estos temas", lamenta Ezra, quien tilda esto de "peligroso e hiriente" tanto para los niños como para los adultos jóvenes. No pueden, y por lo tanto no lo hacen, decirle a sus padres lo que están haciendo, a quién están viendo y a dónde van, y no saben nada de las prácticas sexuales más seguras que los protegerán del VIH/SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual. Esto, según ella, los expone también al riesgo de acoso sexual y abuso sexual.

"Una vez que estos niños supieron que no tenían nada que temer, todos dieron la bienvenida a las personas LGBT a su fe", describe, y explica su verdadero sueño:"Llegar al punto en que los musulmanes LGBT sean aceptados, y ya no me necesiten".

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