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Coronavirus

Boris Johnson vuelve a endurecer las medidas contra el coronavirus y prohíbe reuniones de más de seis personas en el Reino Unido

El Gobierno británico se ve obligado a poner en marcha medidas más restrictivas ante la marcha de la pandemia de coronavirus. A la vez promueve un proyecto para poder realizar millones de test rápidos que permitan decidir en unos minutos quién puede y quién no entrar en un recinto.

El Gobierno británico se pone en manos de lo que ha bautizado como "regla de seis", la prohibición de reuniones de más de seis personas, para tratar de impedir que las preocupantes cifras de contagios de coronavirus se conviertan en una segunda ola. El primer ministro británico, Boris Johnson, compareció escoltado por sus principales asesores médicos para confirmar que las autoridades recurrirán a la mano dura y que se creará la figura de "guardias COVID" para perseguir a los infractores. Quienes no respeten la norma, advirtió el jefe de Gobierno, se exponen a ser dispersados por la policía, multados o incluso arrestados.

"No se trata de un nuevo confinamiento"

"No se trata de un nuevo confinamiento", repitió machaconamente Johnson ante las preguntas de los periodistas. No lo es, pero desde luego supone un revés para la estrategia de su ejecutivo, que pasaba por no adoptar grandes medidas a escala nacional y concentrar los esfuerzos en atajar los brotes localmente. El incremento de nuevos casos que se ha registrado en los últimos días ha encendido las alarmas en Downing Street, que no quiere que se repita el escenario de la primavera, cuando la demora en adoptar medidas hizo del país uno de los más castigados de Europa por la pandemia.

Los hosteleros deberán apuntar a sus clientes

Aferrado al eslogan "Hands, Face, Space" ("Manos, Cara, Espacio"), Johnson recordó a sus compatriotas, especialmente a los jóvenes -donde se ha producido un mayor aumento de casos-, la importancia de lavarse las manos, usar la mascarilla para tapar las vías respiratorias y respetar la distancia social. Pero fue más lejos al asegurar que, aunque le "rompe el corazón", los contactos sociales deberán reducirse al mínimo imprescindible, salvo en los colegios, los lugares de trabajo o los deportes organizados. Además, los establecimientos hosteleros deberán recoger obligatoriamente los datos de todos sus clientes y entregárselos a la sanidad pública de inmediato si les son requeridos. Las Navidades, temen ya los medios británicos, penden de un hilo. El primer ministro no quiso predecir el futuro, pero su principal asesor médico, Chris Whitty, sí advirtió de que las nuevas restricciones, que impiden que por ejemplo dos familias que no viven juntas se reúnan si suman más de seis miembros, no serán cuestión de unas pocas semanas.

Millones de test

Para tratar de combinar su sombrío mensaje con algo de esperanza, Johnson señaló que a corto plazo están "trabajando duro" para incrementar la capacidad de test hasta 500.000 diarios antes de final de octubre. Pero a largo plazo, el objetivo es la Luna, como ha llamado rimbombantemente Londres a la operación que persigue desarrollar pruebas rápidas que permitan dar resultados hasta en 20 minutos y que se generalicen de tal forma que millones de test se puedan practicar cada día. Un programa piloto se pondrá en marcha a partir del próximo mes en Salford, cerca de Manchester, a la entrada de recintos culturales y de ocio, que permitirán la entrada a quienes den negativo por COVID-19. Los planes del Reino Unido en ese sentido, según reveló hoy la publicación científica "British Medical Journal" (BMJ), pasan por gastar hasta 100.000 millones de libras (110.000 millones de euros) para expandir su plan de test y alcanzar los 10 millones diarios. Eso significaría poder hacer pruebas a toda la población del país cada semana. Las medidas del Gobierno conservador, las más duras y restrictivas desde que terminó el confinamiento, recibieron esta vez el respaldo del líder de la oposición, el laborista Keir Starmer, que ha fustigado con frecuencia en el Parlamento a Johnson por su torpe gestión de la crisis. Starmer concedió así una pequeña tregua al líder "tory", no sin antes recordarle que "gran parte del problema era su pobre comunicación" y advertirle de que el actual sistema de pruebas debe mejorarse.

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