El 11 de septiembre de 2001 el terror llegó al corazón de Estados Unidos. Ese día comenzó la guerra contra el terrorismo islamista, primero en Afganistán, después en Irak. Desde ese momento Estados Unidos priorizaba la seguridad y arrastraba a la comunidad internacional. Los efectos fueron sobre todo psicológicos. El miedo era constante. En pocos años se multiplicaban los controles.

La angustia llegaba a la economía y cambiaba la arquitectura. Ahora los edificios altos de Nueva York tienen barreras de cemento, ascensores para evacuaciones, detectores de metales y cámaras, muchas cámaras.

18 años después el presidente estadounidense, Donald Trump, ha amenazado a los talibanes hasta tal punto que les ha invitado a su residencia en Camp David.