Los bomberos se enfrentaron durante nueve horas al fuego de una catedral, Notre Dame, de grandes dimensiones con un tesoro artístico de un valor incalculable. Había que salvar los campanarios para que las dos torres no se vinieran abajo.

Los bomberos combaten el fuego a ras de suelo concentrándose en el interior y evitando en un primer momento el exterior para no empujar las llamas y los gases dentro.

El viento complicaba aún más la extinción en una catedral inmensa. Dos torres de 69 metros de altura y 5.500 metros cuadrados de superficie. Y viendo con prioridad los campanarios para evitar que las campanas se desplomaran y las torres se vinieran abajo.

Dentro un robot refrescaba la zona mientras que del techo aún caen cenizas incandescentes. Sofocar el incendio era complicado también por este armazón de madera milenaria que sujeta la cubierta.

Pero una parte aguantó y fue clave para salvar la catedral. Los bomberos tuvieron que descartar el uso de hidroaviones para lanzar litros de agua. La piedra lo absorbe, aumenta su peso y el riesgo de derrumbe.

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