Tan solo 28 minutos después de despegar, un avión que salía de Moscú regresaba al aeropuerto para realizar un aterrizaje de emergencia envuelto en llamas. Las turbinas ardieron y con ellas parte del avión, causando la muerte de 41 personas en total pese a haber sido desalojado en solo 55 segundos.

Por el momento los investigadores barajan varias hipótesis. Un rayo pudo ser el principal causante de la tragedia, cortando las comunicaciones del avión con la torre de control. Sin embargo, investigaciones recientes añaden la posibilidad de un fallo humano. Los expertos explican que los pilotos realizaron la maniobra de aterrizaje a demasiada velocidad, abocando la aeronave a la catástrofe.

El incendio se tragó la parte trasera del avión, pero de las 78 personas que viajaban en él, 33 pasajeros y cuatro miembros de la tripulación pudieron salvarse deslizándose por los toboganes hinchables de emergencia que se desplegaron por los laterales.

Frente a este trágico acontecimiento, muchas de las preguntas y sospechas caen sobre el modelo del avión, un Sukhoi Superjet 100, el primero ruso postsoviético. Sin embargo, las autoridades piden no sacar conclusiones precipitadas y, por el momento, rehúsan prohibir estas aeronaves.

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