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Industria conectada

La fábrica sin cables, el lugar donde los robots y los humanos son compañeros de trabajo

Los AGV, más conocidos como robots autónomos, ya se han hecho un hueco en cientos de empresas. Se encargan de las tareas más duras y repetitivas y, al mismo tiempo, son capaces de registrar y almacenar datos sobre toda la cadena de producción. Una información muy valiosa para las compañías y que les ayuda a reducir costes y mejorar sus procesos.

En resumen
  • Inteligencia Artificial, machine learning y Big Data: la tecnología que hay detrás de los robots autónomos
  • Son capaces de trabajar junto a humanos y de tomar sus propias decisiones

“Ahora todo se mueve. Se mueve el empleado, se mueve lo que estamos ensamblando y se mueven las herramientas”, nos cuenta Andrés Escribano, responsable para el desarrollo del negocio de las nuevas conectividades y de Industria 4.0 en Telefónica. Y esa movilidad en las fábricas es, precisamente, una de las claves de la industria conectada.

Pero para que todo esto sea posible, son imprescindibles los robots autónomos. Sus posibilidades son prácticamente infinitas, pueden desplazar desde el objeto más pequeño y delicado hasta mercancías pesadas como, por ejemplo, las alas de un avión. “Son equipamientos que se mueven por sí solos en una factoría. Son vehículos que no tienen ninguna intervención humana y lo que se les dice es: tienes que moverte de un punto A a un punto B de la forma más óptima”, añade Escribano.

Su objetivo es facilitar el trabajo diario de las personas. “Lo más importante es que automatizan procesos repetitivos que a un humano le pueden costar mucho más esfuerzo. Porque es transporte de carga, transporte de pesos… Y nosotros, al final, lo que queremos es que las personas estén donde realmente puedan aportar valor”, explica Lorena Gil, responsable de transformación digital de ASTI Mobile Robotics. Ellos diseñan y fabrican unos 1.000 robots autónomos al año y ya los exportan a 17 países.

En un futuro estarán por todas partes pero, ahora, los sectores donde es más habitual encontrarnos con estos robots son el logístico, el alimentario y el de la automoción. “En el sector de la automoción tiene que estar todo muy automatizado. Tiene que ser muy preciso y tenemos que tener paradas cero. Una parada de un minuto puede costar miles y miles de euros”, dice Gil.

Y ese es otro de los grandes beneficios de tener robots autónomos en la plantilla: el ahorro de costes. Porque su tecnología les permite ir registrando datos sobre todo el proceso productivo mientras realizan su trabajo. Esa información es muy valiosa para las empresas. “Tenemos casos donde 15-30 minutos antes de que se produzca la desviación ya vemos que se está yendo del estándar que se ha fijado en los parámetros de producción. Y lo que se suele hacer es corregirlo antes de que se produzca una desviación”, nos explica Escribano, de Telefónica Empresas.

Una de las grandes dudas ha sido siempre si robots y humanos serían capaces de trabajar juntos. Y, ahora, las fábricas inteligentes están demostrando que esa convivencia es posible. “Los dotamos de la conectividad necesaria para que puedan interactuar con el mundo real y con las personas. Y que sean capaces de tomar sus propias decisiones, por ejemplo, de qué ruta es la más óptima para realizar su trabajo”, cuenta Escribano.

La idea es que ellos estén trabajando de forma constante y que nunca fallen para que a nosotros nos hagan el trabajo mucho más fácil.

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