No sólo importa lo que se dijo, o cuántos llenaron la plaza, sino también cómo nada de lo sucedido en la concentración fue casual, empezando por el final. Lo pactado, en teoría, era que en la foto de familia aparecieran solo los líderes de los partidos convocantes, pero tras el saludo entre Rivera y Casado, cuando indican a la madrileña Villacís para que se aparte, el presidente de Ciudadanos interviene. Solo un detalle, uno más, de muchos en segundos.

Como las seis personas que separaban a Rivera y Abascal. Hubo aliados de Ciudadanos, como Manuel Valls, que evitaron la foto con Vox. O como la peculiar lucha entre el vicesecretario del PP, Javier Maroto y el líder de UPyD por ocupar un hueco en primera fila que solo podía ser de uno.

Con mayoría absoluta de banderas de España, así se acordó, una de ellas se la anudó al cuello el exministro socialista José Luis Corcuera. Lo cierto es que se vieron también otros símbolos, como enseñas europeas, pancartas en contra de Pedro Sánchez, también con el verde de Vox, o la bandera LGTBI que miembros de Ciudadanos sostuvieron estratégicamente detrás de Rivera. Todo unido, cada uno a distancia prudencial, al ritmo de la música de Shakira o Lady Gaga.