La sexta ha sido una semana difícil para las defensas en el juicio al 'procés', especialmente molestas con los interrogatorios y con ciertas decisiones del tribunal, por no permitirles mostrar vídeos para contradecir los relatos de "odio" y "violencia" que vivieron en primera persona muchos guardias civiles en aquel otoño de 2017.

Esta semana se ha podido comprobar que se ha entrado en una nueva fase, especialmente en lo que se refiere a la estrategia de las defensas de los acusados. Y eso se nota en su actitud hacia el presidente de la sala, el juez Manuel Marchena, que dirige el juicio.

Tras más de veinte sesiones, acusadores y defensas ya saben que el juez Marchena les llamará la atención de forma suave pero implacable, en cuanto traten de regatear la ley. Le exasperan varias cosas, por ejemplo, que los letrados se enzarcen con los testigos.

Como ocurrió durante el interrogatorio del letrado Jordi Pina a un agente que intervino el 1-O. "No riña al testigo. Él está intentando dar su versión", le dijo el presidente del tribunal cuando Pina le preguntaba si los congregados intentaron superar el cordón policial.

Marchena tiene la costumbre de enmendar a los abogados impartiéndoles casi una clase de derecho. "No cabe recurso frente a la declaración de impertinencia y si es impertinente usted no vuelve a formular la pregunta", señalaba.

El presidente del tribunal tampoco consiente discusiones con las partes. Y lo que más le altera es que le pidan ver vídeos en mitad de los interrogatorios, ha insistido varias veces en que se verán en la fase documental y se emplearán las horas que sean necesarias.

El juicio prosigue el próximo lunes con las declaraciones de dos tenientes que se encontraban presentes el 20-S en el registro de la conselleria de Economía, uno de ellos el que mantuvo numerosas conversaciones con Jordi Sànchez.