Rafael Caride Simón, de 74 años de edad y natural de Vigo, liquidará su condena este domingo, tras cumplir 26 años de prisión, condenado, entre otros, por el atentado a Hipercor cometido el 19 de junio de 1987 en Barcelona, en el que fallecieron 21 personas y 45 resultaron heridos.

Expulsado el Colectivo de Presos de ETA, EPPK, Caride es uno de los arrepentidos de la banda acogidos en la 'Vía Nanclares', y se sumará a la treintena de presos que optaron por este proyecto de reinserción que se encuentran ya en libertad.

Según han informado fuentes jurídicas, con la salida de este recluso, solo quedarán pendientes de excarcelación otros tres presos circunscritos a la 'vía Nanclares', Kepa Pikabea, Ibon Etxezarreta y Luis María Carrasco, que siguen cumpliendo condena, pero en la actualidad disfrutan de permisos de salida regulares y solo acuden a dormir al centro penitenciario.

Más de treinta reclusos de ETA se acogieron a la 'vía Nanclares', entre ellos históricos exdirigentes de la banda, como José Luis Urrusolo Sistiaga, José Luis Alvarez Santacristina, Carmen Guisasola, Juan Manuel Soares Gamboa o Idoia López Riaño alias 'La Tigresa'.

Estos internos decidieron alejarse de la disciplina de ETA para lograr su reinserción. Para ello, se alejaron del entorno de la banda, aceptaron la política penitenciaria, se salieron del colectivo de presos, y renunciaron públicamente a la organización terrorista y al uso de la violencia. También han pedido perdón a las víctimas, se han comprometido a repararlas mediante el pago de su responsabilidad civil y a colaborar con la Justicia.

Todos ellos fueron expulsados del EPPK. Joseba Urrusolo y Rafael Caride llegaron a denunciar por carta en 2013 la "manipulación" que ejercía la izquierda abertzale con los reclusos de la banda, y afirmaron que no había hecho "nada para que los presos vuelvan a casa, solo dejar pasar el tiempo".

En la misiva consideraban que la izquierda abertzale se ha "plegado" al sector "que se empecinó en seguir con la lucha armada hasta que no pudieron más" e impidió que el final se afrontara "de una manera más sensata". Estos reclusos había firmado en 2010, junto a otros seis históricos de ETA, otra carta en la que plantearon la necesidad de "reconocer y reparar" los daños causados a las víctimas del terrorismo.