Eran las cuatro de la tarde cuando una furgoneta irrumpía en la Ramblas de Barcelona cometiendo un atropello masivo. Horas más tarde se producía otro ataque en Cambrils. Murieron 16 personas. Ya han pasado dos años de esos terribles atentados.

Desde ese trágico día la seguridad se ha intensificado en muchas ciudades españolas por miedo a que sucedan nuevos atentados. Más bolardos, grandes maceteros y más presencia policial son algunas de las medidas de seguridad que se han incrementado en las ciudades.

Tras dos años del atentado, volvemos a las Ramblas, donde los ciudadanos ya se han acostumbrado a caminar entre bloques de hormigón, bolardos o maceteros gigantes y barreras físicas para evitar atropellos masivos.

Residentes de Barcelona asegura que "los bolardos están bien" pero siempre quedan brechas por las que en cualquier momento pueden entrar y volver a protagonizar otro atentado.

Hasta hace dos años era impensable ver a policías patrullando con armas largas por el centro de la ciudad, sin embargo, ya se ha convertido en algo común.

La seguridad ciudadana es importante, ya en la feria de abril, en Sevilla, se detuvo a un yihadista que planeaba un atentado. Esta semana se celebra la feria de Málaga y la ciudad ya tiene blindado su centro histórico y el recinto festivos.

Dos atentados en 2016 obligaron a cambiar la seguridad en Europa. Un atropello en Niza con 85 fallecidos y otro en Berlín con 12 muertos. Desde el Ministerio de Interior se aconsejó instalar barreras físicas y ocho meses después se produjo el atropello de las Ramblas que dejó 14 víctimas mortales.

No existe el riesgo cero pero las ciudades españolas han cambiado su fisionomía por un intento de permanecer más seguras.