Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea escenificarán este martes en Bruselas el inicio de la batalla para decidir quién presidirá los próximos años las principales instituciones comunitarias; un reparto que en la época más reciente han copado políticos conservadores y que ahora socialistas y liberales aspiran a reequilibrar.

El presidente del Consejo, Donald Tusk, convocó esta cena extraordinaria con el objetivo de conocer las aspiraciones de los socios e iniciar un periodo de consultas que le permita configurar un modelo de consenso que respalden los líderes en el Consejo europeo de junio.

Para ello, Tusk tendrá que tener en cuenta para su diseño una serie de equilibrios clave a la hora de encajar los nombres para los próximos presidentes de la Comisión Europea, del Consejo europeo, del Banco Central Europeo, del Parlamento Europeo y de Alto Representante de Política Exterior.

La presencia de mujeres en lo más alto de las instituciones comunitarias es una asignatura pendiente que los líderes se han comprometido a corregir en estas negociaciones, aunque por el momento apenas se han escuchado nombres femeninos.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, la excomisaria búlgara Kristalina Georgieva o la aún presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaite, son opciones que suenan en las quinielas, pero ninguna ha dado el paso.

También la ministra española de Economía, Nadia Calviño, podría tener posibilidades si se trata de vicepresidencias en el Ejecutivo comunitario, según varias fuentes europeas, que ven en su perfil más técnico que político su principal obstáculo.

En cualquier caso, la única mujer que se ha postulado formalmente para presidir la Comisión es la actual comisaria de Competencia y cabeza de lista de los Liberales europeos, la danesa Margrethe Vestager, y no lo hizo hasta este domingo, tras comprobar que su grupo recuperaba el tercer puesto en la Eurocámara.

Respeto de equilibrios

El reparto deberá tener también en cuenta el equilibrio geográfico, que se vean reflejados tanto países grandes como pequeños y que estén representadas las principales familias políticas. A estas condiciones, el Parlamento europeo, que al final del proceso tendrá que validar el nombre del presidente del Ejecutivo comunitario, ha añadido que quien releve a Jean-Claude Juncker sea uno de los candidatos principales que los partidos europeos han presentado a las elecciones europeas del pasado domingo.

Por eso, sobre el papel el favorito debería ser el candidato del Partido Popular Europeo, el bávaro Manfred Weber, que cuenta con el apoyo de la canciller alemana, Angela Merkel, y que lidera la fuerza más votada en las europeas.

Sin embargo, apenas es conocido fuera de la actividad comunitaria y no ha ocupado puestos de Gobierno, lo que debilita su candidatura, que podría incluso rivalizar dentro de la familia 'popular' con el negociador de la UE para el 'brexit', el francés Michel Barnier.

Mientras, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha dejado claro en los últimos encuentros con sus socios que rechaza de plano cualquier automatismo en la designación mientras no existan listas transnacionales e insiste en que el próximo presidente de la Comisión lo deben decidir los líderes.

La Conferencia de Presidentes que reúne a los jefes de grupo en el Parlamento Europeo también se ha citado el martes a primera hora de la mañana para analizar la situación, aunque es una incógnita si logrará consensuar el apoyo a un candidato o se limitará a pedir que los Veintiocho tengan en cuenta los resultados de las elecciones.

Junto a Weber y Vestager también aspira a presidir el Ejecutivo comunitario el candidato de los socialistas europeos, el holandés Frans Timmermans, que actualmente ejerce de vicepresidente primero en la Comisión Europea y ha ganado las europeas en Países Bajos.

España aspira a ganar perso

Entre los valedores que públicamente han apoyado a Timmermans está el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, al que la familia socialdemócrata europea ha encargado defender sus intereses en las negociaciones. España ha perdido en los últimos años presencia en la Unión Europea, en gran medida lastrada por el impacto de la crisis económica, pero su imagen ha cambiado y Sánchez llega reforzado como "el gran socialista" tras el resultado electoral de abril.

Los países no han desvelado aún sus cartas formalmente, tampoco España, pero Sánchez, en un mitin, apuntó al ministro de Exteriores y cabeza de lista del PSOE a las europeas, Josep Borrell, como posible representante español en el Ejecutivo comunitario.

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