Unidas Podemos ha sufrido una debacle electoral que ha restado a Pablo Iglesias toda la fuerza que reclamaba para negociar un gobierno con el socialista Pedro Sánchez, que le ha comido terreno en las elecciones europeas, las autonómicas y también las municipales.

Podemos no ha logrado más objetivo que el de mantener la Alcaldía de Cádiz para José María González 'Kichi', azote interno de Pablo Iglesias, en una noche en la que Manuela Carmena ha perdido la Alcaldía de Madrid y la izquierda la posibilidad de arrebatarle a la derecha la Comunidad.

A la pérdida de la capital española se suma la de Zaragoza, desde hoy en manos de la derecha, donde Podemos tendrá dos concejales tras competir contra su alcalde, Pedro Santisteve. Podemos no tendrá representación en Valencia y tampoco aguantarán las alcaldías gallegas de Coruña, Santiago y Ferrol, aunque aquí el partido morado sí podría ser decisivo para ceder alcaldías al PSOE.

Tampoco el referente municipalista de Iglesias, la alcaldesa Ada Colau, ha logrado sumar un voto más que Ernest Maragall (ERC), si bien es cierto que el empate a diez ediles no imposibilita que vuelva a gobernar Barcelona.

Si Podemos logró en 2015 representación en todas las comunidades autónomas, cuatro años después ha desaparecido en Castilla-La Mancha -donde José García Molina era vicepresidente con el PSOE- y en Cantabria; ha pasado de diez diputados a uno en Castilla y León, y de 14 a 5 en Aragón, donde el socialista Javier Lambán podría mirar a Ciudadanos para garantizarse la investidura. Y pese a la apuesta de Pablo Iglesias de cerrar campaña en Tenerife, Podemos se ha quedado con tres escaños -cuatro menos- aunque podrían ayudar a una suma de izquierdas si el PSOE decidiese no mirar a Coalición Canarias.

Si Pablo Iglesias pidió el voto para que Unidas Podemos tuviese más fuerza de negociación, las urnas le han respondido con una posición más débil, que solamente le otorga poder de negociación para sumar con el PSOE en las Islas Baleares, La Rioja y Asturias.

Incluso la coalición Unidas Podemos se ha desplomado en las elecciones europeas, donde ha obtenido 1,9 millones de votos y seis escaños, frente a los 11 que Podemos e IU obtuvieron en 2014 por separado.

Pablo Iglesias se ha ido del Teatro Goya sin decir una sola palabra sobre los resultados electorales, que se explican además de por la división interna porque en los últimos cuatro años Podemos ha sido un partido centralizado con una implantación territorial muy débil, según reconocía un miembro de la cúpula.

Pero si un hundimiento ha marcado a Podemos, ha sido el de la Comunidad de Madrid, donde su candidata Isabel Serra se ha quedado en última posición, con siete escaños, por detrás de los 12 de Vox y a trece de los 20 que ha obtenido Íñigo Errejón.

Iglesias, que lanzó a Isabel Serra a la competición electoral contra el criterio del secretario general de Madrid, Ramón Espinar, ha dejado esta noche sola a su candidata en una comparecencia ante los medios de comunicación en la que ha considerado "evidente" que "la división de la izquierda no ha ampliado el campo político".

Desde esta misma noche, la imposibilidad de la suma de izquierdas en la Comunidad de Madrid ha reavivado la disputa entre las dos almas del primitivo Podemos, cuyas direcciones se culpaban mutuamente en privado esta misma noche del fracaso electoral. Porque "en un partido serio", se quejaba el errejonismo, el solo hecho de poner en riesgo la victoria de Carmena con la llamada al voto a Carlos Sánchez Mato, debería ser motivo de dimisión.

"Las cloacas convencieron a Íñigo Errejón para que rompiera Podemos. La ambición ciega. Y metió en esa aventura a Manuela Carmena, con la que habíamos unido a toda la izquierda en Madrid", arremetía por su parte el fundador de Podemos Juan Carlos Monedero.

También han resonado las primeras voces que como Ramón Espinar le piden a Iglesias "tender manos y puentes", "no eludir la responsabilidad y empezar a reconstruir" el espacio de la izquierda. Al margen de acusaciones, lo que está claro es que Pablo Iglesias tendrá que responder ante los suyos por los que una vez más son los peores resultados electorales de la formación, que le ubican en una posición de debilidad para lograr su objetivo de ser ministro en un gobierno con los socialistas.

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