El rechazo a los presupuestos no solo nos aboca, previsiblemente, a la convocatoria de elecciones sino que también genera un desfase de miles de millones de euros en las cuentas públicas.

Esto se traduce en que hay más gastos que ingresos. La subida de impuestos, de pensiones, el sueldo de los funcionarios y el salario minino ya se ha llevado a cabo porque ha sido aprobado por decreto.

Por el contrario, los ingresos aún no han sido aprobados. De este modo queda implantarse el impuesto al diésel, subida del IRPF a las rentas altas o subida del impuesto de sociedades. El resultado es claro: faltan 10.000 millones de euros para cuadrar las cuentas.