Los comercios y los hoteles de la zona de Las Ramblas se convirtieron en una especie de trinchera en la tarde del 17 de agosto de 2017.

De hecho, muchos trabajadores de los hoteles pasaron a noche con los turistas. En ese momento, les ayudaron y calmaron, sin importales cómo iban a afectar los atentados al sector turístico.

Manuel Casals, director de Gremio Hoteles de Barcelona, explica que hasta finales de año perdieron una facturación de hasta el 30%. Solo en los tres días posteriores, en los hoteles se cancelaron un 20% de las reservas.

A día de hoy no se ha olvidado, pero los turistas no tienen ese miedo, aunque el turismo de lujo ha sido mucho más difícil de recuperar.