Rescates

¿Cualquier empresa es rescatable financieramente? "Nunca rescatar es un cheque en blanco"

¿Tiene el Estado que rescatar a cualquier empresa que tenga una situación financiera complicada?

Rescate financiero

Publicidad

Los hombres de negro se hicieron famosos en nuestro país allá por el 2012, en plena crisis económica. Estos funcionarios de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE), hombres y mujeres, visitan periódicamente una serie de estados para corroborar que los gobiernos rescatados cumplen con la puesta en marcha de las reformas pactadas a cambio del dinero.

Desde mediados de este pasado diciembre, España ha dejado de recibir su visita porque el Estado ha devuelto más del 80% del préstamo, pero esto de los rescates sigue estando de continua actualidad, ya que tras la crisis financiera y este socorro económico no solo para el país, sino también a entidades bancarias, llegó una pandemia en la que muchas empresas se vieron abocadas a un precipicio del que solo podía salvarlas una intervención de este tipo. Además, ahora también se investigan otras ayudas concedidas en época de vacas flacas a aerolíneas.

En este contexto nos hemos preguntado: ¿cuándo una empresa es rescatable? Y para poder contestar a esta pregunta contamos con la ayuda de Ernesto Campos, economista, asesor fiscal y profesor de la Universidad de Valencia. ¿Todas las empresas son rescatables? ¿Hablamos de un cheque en blanco? Todas y muchas otras cuestiones se las trasladamos al experto.

"Un Gobierno no rescata empresas porque sí, no puede hacerlo arbitrariamente, ni porque le caiga bien. Lo hace solamente en situaciones muy concretas y, normalmente, cuando la caída de esa empresa provocaría un daño y un coste mayor para el conjunto de la economía", explica Ernesto Campos.

Normalmente se habla de 4 puntos críticos en los que sí estaría justificada la intervención del Estado.

  • Si la empresa es sistémica, es decir, si su quiebra arrastra a muchas otras empresas
  • Si da empleo directo o indirecto a decenas de miles de personas
  • Si presta un servicio esencial. Pensemos, por ejemplo, en sectores como energía, transporte, infraestructuras clave...
  • Si atraviesa una crisis excepcional y externa, por ejemplo, una pandemia, una guerra, una crisis financiera global...

Teniendo claro entonces que el rescate no ha de ser nunca el capricho de uno de nuestros políticos, es importante saber quién decide el cumplimiento o no de los puntos anteriores: "No lo decide una persona, ni un ministro una mañana con un café; se basa en criterios objetivos, impacto en el empleo, riesgo de contagio económico, papel en sectores clave: energía, transporte, alimentación, defensa o seguridad nacional e interés del país. Además, en la UE estos rescates están muy vigilados por Bruselas para evitar favoritismos o competencias desleales. En España, por ejemplo, el fondo gestionado por SEPI durante la pandemia fue de más de 10.000 millones de euros con análisis caso por caso y entrada temporal del Estado".

"No se rescata para salvar a la empresa, se rescata para proteger al país"

Campos pone cifras a estas situaciones y nos remonta, por ejemplo, a los años de la pandemia de la COVID, en la que el confinamiento detuvo al mundo entero. "Los estados europeos movilizaron más de tres billones de euros en ayudas, avales y rescates y en algunos países eso llegó a suponer más del 20% del PIB" por ello insiste: "La idea clave es que no se rescata para salvar a la empresa, se rescata para proteger al conjunto del país".

Muchos han sido los "y si" formulados después de la quiebra de Lehman Brothers. La explosión del sector inmobiliario de Estados Unidos debido a las hipotecas basura provocó muchas quiebras en el sector financiero, que estaba especialmente expuesto al mercado hipotecario.

Una de las grandes preguntas es: ¿tiene el Estado que hacerse cargo de los errores de otros? y aquí es donde Campos quiere dejar un matiz claro: "Nunca rescatar es un cheque en blanco. De hecho, si lo fuera, sería un problema serio, sería un escándalo".

Un Gobierno, a la hora de plantearse salvar una empresa, puede hacerlo de diferentes opciones. "Rescatar no siempre es dar dinero a fondo perdido. Un gobierno puede conceder préstamos y avales públicos como hizo el ICO durante la pandemia, entrar en capital y convertirse en accionista temporal de esa empresa, puede reestructurar deuda o facilitar liquidez puntual y solo en casos extremos puede incluso nacionalizar de forma transitoria. En España, por ejemplo, los avales del ICO superaron los 140.000 millones de euros, eso beneficiando a más de un millón de empresas y autónomos. Es muy parecido a cuando un banco te ayuda a refinanciar una hipoteca; no te regala la casa, pero te da oxígeno para no ahogarte", explica el experto.

Además, que nadie se lleve a error, porque las condiciones para las empresas rescatadas son estrictas. "Muy estrictas y muy claras. Algunas pueden ser, por ejemplo, la prohibición de repartir dividendos, fijar límites a los bonus de los directivos, fijar planes de viabilidad obligatorios, una supervisión pública constante y, en muchos casos, un calendario de salida del Estado. El mensaje aquí tiene que ser muy claro: si hay dinero público, hay reglas públicas".

Cómo se gestiona un rescate financiero

¿Y cuándo empiezan a sonar las alarmas? El primer paso para que aparezcan los murmullos de un rescate es que la empresa en cuestión demuestre "que el problema es grave, pero es reversible". Una vez que esto queda comprobado, el Ejecutivo es quien tiene que analizar el impacto económico y social de la caída de dicha entidad. El siguiente paso es negociar un plan de viabilidad y después se aprueba el rescate "con condiciones muy estrictas".

Campos explica: "Hay un seguimiento continuo y, cuando la empresa se recupera, el Estado sale. No es improvisación, es un proceso técnico y muy supervisado. Un rescate bien hecho no busca salvar empresas concretas, sino evitar daños económicos mucho mayores que acabarían pagando todos los ciudadanos. El rescate no es gastar dinero público, es evitar que el coste de no hacer nada sea mucho más caro. Por tanto, en economía, rescatar no es proteger errores privados, es proteger el interés general cuando el mercado por sí solo no basta. Un rescate mal hecho sociabiliza pérdidas y privatiza beneficios. En cambio, un rescate bien hecho protege el empleo y la estabilidad sin premiar los errores. En resumen, un rescate no es un salvavidas para la empresa, sino un cortafuegos para la economía".

¿Pero qué ocurre si el rescate es exitoso y la empresa vuelve a ser viable? "En la mayoría de los casos, si es un préstamo, el dinero se devuelve. Si el Estado entra como accionista, vende su participación cuando la empresa se recupera, y aquí hay un matiz importante: en algunos rescates, el Estado no solo recupera el dinero, sino que incluso gana, como así ocurrió en algunos rescates bancarios europeos. La lógica es muy simple: el rescate es un puente, no una cama permanente", analiza.

Nos queda una duda para plantear al experto y es qué ocurre con esas grandes empresas que todos conocemos y somos conscientes de la riqueza que aportan al país, aunque su función no sea estratégica. Si a una de ellas le fuese mal, ¿habría que invertir dinero público? "Aquí está la pregunta clave, y la respuesta no es automática. Además, aquí es donde suele haber más debate y conviene matizar. Empresas como Inditex, Mercadona o Meliá son enormes y generan muchísimo empleo y mucha riqueza, sin duda, pero dentro de sus sectores hay competencia, el mercado puede absorber su caída y no prestan un servicio crítico insustituible para el sistema económico. Por tanto, en condiciones normales no estaría justificado su rescate. Solo tendría sentido si su quiebra genera un shock económico generalizado, no solo un problema empresarial, y esto es importante. Ser grande no equivale automáticamente a ser estratégico o ser rescatable".

Síguenos en nuestro canal de WhatsApp y no te pierdas la última hora y toda la actualidad en nuestro perfil de Google.

Publicidad