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Compras

El confinamiento de Francia arruina a los negocios españoles próximos a su frontera

El 96% de los compradores en establecimientos de la frontera entre España y Francia en La Junquera son galos. En Roses, un municipio próximo, las calles están vacías por la ausencia de turismo.

El 96% de los compradores en establecimientos de la frontera entre España y Francia en La Junquera son galos. El férreo confinamiento de los ciudadanos franceses decretado por el Gobierno de ese país está arruinando a los comerciantes españoles. Esta situación también ocurre en otros municipios turísticos próximos como Roses.

En Roses, 6 de cada 10 turistas son franceses por lo que el confinamiento del país vecino, y ahora el cierre comarcal de Cataluña, deja una estampa inédita: playas desoladas, paseos vacíos y terrazas sin clientes. Además, todos los hoteles están cerrados, solo sobreviven dos de ellos y lo hacen con un 5% de ocupación. El problema es que no saben hasta cuándo podrán seguir abiertos. Terrazas vacías, calles desiertas y playas solitarias, los vecinos reconocen que esta situación "da mucha pena" y cada vez va a peor.

Rosas es uno de los destinos turísticos preferidos por los franceses. Antes, dicen, había muchos extranjeros y las calles estaban llenas de gente paseando. El último confinamiento de Francia les ha llevado a una situación preocupante. Silvia lo ha notado porque tiene un restaurante en un paseo marítimo que ahora está desolado. "Hay días de dos mesas y días de tres mesas y no es sostenible de ninguna manera", dice. Además, las reservas son prácticamente cero.

En esta comarca de l'Empordà, el 80% de los hoteles han cerrado. Los que sobreviven luchan por seguir abiertos con una desventaja más: el confinamiento comarcal en Cataluña. "Ahora estamos bajo mínimos, pensando en si vale la pena o no mantener el hotel", dice Ana, que trabaja en un hotel. "El cierre comarcal nos ha matado", explica en la misma línea otro hostelero.

Esta situación de desespero también se vive en La Junquera, donde el 95% de los compradores son galos. Quieren que las imágenes del pasado vuelvan a ser el presente.

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