El 29 de mayo de 1953, un neozelandés, Edmund Hillary y su sherpa, el nepalí Tenzing Norgay hacían realidad el sueño de muchos.

Aquel día se demostró que coronar el Everest, la madre del universo, para los tibetanos, era posible. Desde entonces, lo han coronado más de 4.000 alpinistas, 90 de ellos españoles.

Últimamente, la fiebre por escalarlo está produciendo imágenes llamativas con multitudes que colapsan los accesos al pico más famoso del planeta, dejando tras de sí un rastro de basura que nadie recoge.

"La explicación de esas aglomeraciones es la climatología. Es raro que haga buen tiempo para subir a la cima, por lo que muchos montañeros se concentran en el campamento base hasta que haya buenas condiciones"

Hay dos rutas principales para acceder al Everest, la nepalí y la china. Los montañeros prefieren la nepalí, ante los estrictos permisos que exige el gobierno de Pekín para salir desde el Tíbet.

Subir al Everest exige una preparación exhaustiva y los peligros son innumerables. Hipotermia, aludes, falta de oxígeno... La prueba son los 120 montañeros que han muerto desde que comenzaron las expediciones, ocho en la última semana.

"Mientras respeten nuestras leyes, todos son bienvenidos. No podemos impedírselo"

Para Nepal, se ha convertido en un jugoso negocio. Cada montañero puede llegar a pagar hasta 115.000 euros por cumplir su sueño de hacerse un selfie o incluso tocar el saxofón en el techo del mundo.

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