Pero no siempre ha sido así. Desde la primera prueba, hace 108 años, en 1911, el número de muertos en este circuito asciende a 41, 18 ellos el día de la carrera y otros 23 durante los entrenamientos.

En los últimos años las víctimas se han reducido casi a cero. Hace 23 años que no fallece ningún piloto, lo que supone un milagro. Hablamos de velocidades que rozan los 400 kilómetros por hora: la máxima alcanzada es de 385... y así durante 200 vueltas.

Más de tres horas al límite, tres horas en las que no se puede perder la concentración o pagas con la vida. Y el riesgo no está sólo en la pista, también los accidentes se producen en el pit-lane.

Terrible accidente de Scott Dixon

El último accidente que hizo temer lo peor lo sufrió Scott Dixon hace dos años, durante las vueltas que Fernando Alonso fue líder. Afortunadamente no tuvo consecuencias.

Sí las tuvo el accidente de Scott Brayton en 1996, la última víctima mortal de las 500 millas de Indianápolis; un accidente calcado al de Alonso. Y eso que Brayton iba a menos velocidad, a 320 km por hora por los 340 del asturiano. En el avance de las medidas de seguridad está diferencia.

La suerte que le faltó a Scott Brayton la tuvo Fernando Alonso.

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