Real Madrid

Volantazo de Florentino Pérez: de Xabi Alonso a Arbeloa, ¿qué quiere el Real Madrid?

¿Puede salvar Arbeloa la temporada? ¿La caída de Xabi Alonso es culpa de un vestuario endiablado o de un técnico al que le vino grande el Real Madrid? Esta es la crónica de un relevo anunciado.

De Xabi Alonso a Arbeloa, un 'volantazo' anunciado

De Xabi Alonso a Arbeloa, un 'volantazo' anunciadoAntena 3 Noticias

Publicidad

Cuando el Real Madrid decidió entregar el banquillo a Xabi Alonso para abrir una nueva etapa tras Carlo Ancelotti, lo hizo con un objetivo bien definido: reformular el modelo de gestión deportiva. Su brillante etapa en el Bayer Leverkusen, campeón de la Bundesliga con un equipo sin grandes estrellas, encajaba con la idea de modernización que buscaba la entidad blanca.

Sin embargo, tanto el juego como su autoridad se vieron mermadas durante este medio año. Este domingo, tras la final de la Supercopa de España, Xabi pidió a sus jugadores que hicieran el pasillo al Barcelona en la entrega de trofeos mientras un Mbappé insatisfecho conminaba a sus compañeros a marcharse del campo. Y, claro, se marcharon.

'Albacetazo'

Entre medias, además de claudicar ante jugadores que merecieron castigo, el preparador vasco también había cambiado de idea futbolística para acabar sin saber qué Real Madrid quería sobre el césped. La pregunta es: ¿lo tiene claro Florentino Pérez? Porque para este viaje no hacían falta alforjas. La debacle copera en Albacete durante el debut de Arbeloa solo fue la coda de un vestuario fuera de control y una planificación deficiente.

El despido de Xabi Alonso tras este experimento fallido llega a mitad de temporada, con el equipo totalmente desnortado pese a estar a cuatro puntos del liderato en Liga y en el Top-8 de Champions League. No sería la primera vez que el ave fénix merengue resurge de sus cenizas; no tiene ninguna pinta, pero el Real Madrid a veces no atiende a lógica alguna. Y menos en Europa.

Esta es la crónica de un relevo anunciado. El arranque invitó al optimismo: el conjunto blanco firmó 13 triunfos en sus primeros 14 compromisos oficiales de la temporada. Presión alta, recuperación tras pérdida, flexibilidad táctica y un once basado en el rendimiento más que en la jerarquía marcaron el inicio. Mbappé fue designado el pilar del proyecto y Brahim, Rodrygo, Arda Güler o el joven Mastantuono tuvieron protagonismo en un sistema solidario y sin privilegios.

Caso Vinícius

Más allá de los tantarantanes ante PSG en el Mundial de Clubes y Atlético de Madrid en el Metropolitano, ese proceso tropezó con la figura de Vinícius. El brasileño, acostumbrado a ser fijo, no terminó de adaptarse al nuevo escenario. Las suplencias y las obligaciones defensivas fueron erosionando la relación con el entrenador y el desafío público llegó en el Clásico del Bernabéu: Xabi decidió sustituirle y el gesto airado del extremo dio la vuelta al mundo.

La respuesta del club resultó decisiva. Lejos de cerrar filas con su técnico o tomar medidas disciplinarias, la directiva dejó el conflicto en manos del tolosarra. Ese silencio institucional pudo minar su autoridad; para un cambio de paradigma se requieren plenos poderes, mando en plaza. ¿Perdió Xabi entonces el control del vestuario?

El Madrid cambió de cara. Vinícius volvió a ser inamovible, Bellingham recuperó su papel preeminente y Güler, Mastantuono o Brahim desaparecieron de las alineaciones. La presión alta se diluyó y el equipo pasó de intentar dominar los partidos a sobrevivir incluso ante rivales menores como Girona o Talavera de la Reina.

Ultimátum

Se competía a impulsos, con tramos en los que nadie apretaba ni corría, lo que impedía generar ventaja alguna. La caída en el juego derivó pronto en una caída de resultados: Mbappé y Courtois, la orquesta del Titanic, sostuvieron a duras penas a un equipo que se hundía.

El triunfo en San Mamés fue solo un paréntesis. La derrota 0-2 ante el Celta en el Bernabéu supuso una quiebra de la confianza: desde el entorno del club se filtró que otro tropiezo ante Manchester City o Alavés podía acelerar la destitución de Xabi. El 1-2 ante el equipo de Guardiola alivió algo la presión, pero el daño en Liga ya estaba hecho: de líder con cinco puntos de renta en octubre a estar ahora a cuatro del Barça.

El Bernabéu no fue ajeno a la crisis. Pitadas a jugadores clave como Vinícius, filtraciones internas por el exceso de análisis en vídeo y la ausencia de mensajes claros desde la cúpula dibujaron un escenario conocido: el mismo que precedió a los adioses de Benítez, Lopetegui o Solari. Solo Zidane y Ancelotti lograron enderezar situaciones similares.

La trituradora de Florentino

Pero Xabi Alonso no es Zidane. Tampoco Ancelotti. No llegó a un vestuario campeón ni con el carisma del francés o la trayectoria del italiano. Además, carecía de tiempo ni margen para edificar desde cero. El modelo del Real Madrid bajo Florentino Pérez, con un poder presidencialista ilimitado, choca frontalmente con los proyectos a largo plazo. Aquí no hay coartadas ni paciencia: mandan los resultados.

Esta fórmula, implacable con los técnicos, ha producido siete Champions en este siglo bajo su mandato. Más que ningún otro club en el Viejo Continente. El método funciona, pero puede dejar un reguero de víctimas por el camino... y Alonso ha sido la última. Lo que nació como una revolución terminó siendo, como vimos en la Supercopa ante Atlético y Barcelona, un ejercicio de contención más propio de las postrimerías de la era Carletto; Xabi ni siquiera acabó meando con la suya.

Un mourinhista al mando

¿Será capaz Arbeloa de revertir esa dinámica? ¿Ilusiona al madridismo? ¿Creerán en él quienes no lo hicieron en Xabi? Desde luego, viene con el aval del presidente y su elección deja sin parapeto a los jugadores. Amigo de Alonso y fiel 'mourinhista', el nuevo entrenador blanco destacó durante su etapa como futbolista por su defensa acérrima del madridismo más pragmático.

Hoy el Real Madrid carece de una identidad reconocible. Xabi, que llegó con la vitola de técnico de autor, quedó atrapado entre sus convicciones y un vestuario que parecía imponer sus propias reglas; será esa reconstrucción de las relaciones técnico-plantilla la primera tarea que asuma Arbeloa. No obstante, tiene muy claro el salmantino que lo más importante en el Madrid es ganar.

Kroos y Modric, añorados

La planificación deportiva también está en el punto de mira. Las salidas de Modric y Kroos dejaron un vacío enorme, ya sea por un deficiente diseño del plantel o porque los Bellingham y Güler de turno no están a su altura. Alonso, y antes que él Ancelotti, no consiguieron formar el puzzle. Se venía armando un equipo físico en mediocampo, con perfiles rapidísimos arriba, al que después no se le pidió contragolpear sino domeñar el juego.

Por si fuera poco, hay roles que se superponen y otras carencias que no se previeron. Tampoco ha bastado con la mera acumulación de talento; ya quedó claro la campaña pasada y vuelve a evidenciarse en esta. Además, el vestuario se ha quedado sin sus líderes naturales, estirándose al límite la política de atraer jóvenes promesas y aprovechar oportunidades de mercado.

Ahora la pregunta no es solo qué le ocurre al Real Madrid, sino qué quiere ser. Quedó claro, por enésima vez, que no existen proyectos a largo plazo más allá de los resultados inmediatos. Se trata, en cualquier caso, del club que mejor convive con los extremos: del éxito al abismo en cuestión de semanas. Y la respuesta final, la de qué quiere el Real Madrid, está escrita a fuego en su ADN: ganar por encima de todo. Y de todos.

Síguenos en nuestro canal de WhatsApp y no te pierdas la última hora y toda la actualidad en nuestro perfil de Google.

Publicidad