Maracaná acogía la final de copa en Brasil, entre Vasco de Gama y Fluminense. Sin embargo, no iba a ser una final normal. La justicia prohibió la entrada de aficionados al estadio para que se disputara el partido a puerta cerrada.

Fluminense y Vasco da Gama se disputaban la misma sección del estadio para su hinchada, pero no hubo decisión conjunta. Por ello, nadie pudo entrar al estadio.

Fluminense acató la decisión judicial y en redes sociales recomendó a su afición que no acudiese al campo. Sin embargo, Vasco da Gama no se dio por vencido e incluso aceptó una posible multa de 120.000 euros por saltarse la prohibición de entrar.

La policía tuvo que intervenir con gas pimienta y pistolas de goma. El resultado: 31 heridos y dos de ellos ingresados en un hospital.

"¡Hay muchos niños...familias...mujeres!" o "¡Es una vergüenza!" fueron algunos de los gritos que se oyeron entre los aficionados.

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