A lo largo de 200 kilómetros, desde Mâcon hasta Saint-Étienne, el pelotón se enfrentará a un recorrido accidentado, por el cual circula un tranvía cuya bocina suena, de la misma forma que cualquier otra, pero mucho más a menudo al estar sus raíles situados en las calles peatonales de la ciudad, lo que le obliga a abrirse paso entre las masas.

Los citados raíles están situados por el Macizo Central, franqueando siete puertos de distinta entidad, la mayoría de segunda, e innumerables repechos, siendo dañinos para la piernas, al igual que peligrosos para la táctica. Así, en la última de las siete cumbres, calificada de tercera por su corta distancia, a 12,5 kilómetros de meta, hay bonificaciones de 8, 5 y 2 segundos para los tres primeros.

Los organizadores de la etapa, lejos de buscar un recorrido llano, tras la etapa del pasado viernes centrada en los sprinters del Tour, han elegido un recorrido de media montaña, con siete cotas puntuables.

La meta está instalada cerca del estadio Geoffroy-Guichard en la ciudad de Saint-Etienne y el recorrido acumula 4.000 metros de desnivel.

Una de los finales de etapa más recordador del Tour fue, precisamente en 1985 en la llegada a Saint Étienne, en la que Bernard Hinault, maillot amarillo, llegó con el rostro ensangrentado a causa de una caída en la que se fracturó la nariz.

A esta etapa llega como nuevo líder Ciccone, seguido de Julian Alphilippe a 6 segundos y Dylan Teuns a 32, y comenzará a las 12:25, con la llegada prevista entre las 17:12 y las 17:44.