Colocarse ante los toros en el cuarto encierro de San Fermín ha sido tarea complicada. Los astados de Jandilla parecían volar por las calles de Pamplona hasta la plaza de toros, han tardado solo 2 minutos y 20 segundos en hacer el recorrido y alcanzar los corrales de la plaza.

Un cambio ha marcado la fiesta tradicional: la utilización de sustancias antideslizantes. Esto ha hecho que los corredores se enfaden y envíen un comunicado en el que denuncian que se empleen bueyes y toros entrenados, además de antideslizantes. Los mozos harán una sentada de tres minutos antes de cada carrera como protesta.

Los encierros son más limpios y rápidos pero pierden emoción y espectáculo, unos adjetivos que definen, sin duda, esta fiesta de San Fermín.

Los toros de Jandilla son famosos por su peligrosidad y sus antecedentes lo demuestran. En las 19 carreras anteriores habían corneado a 31 mozos. Pero esta mañana la maldición se ha roto. Cuatro personas han sufrido contusiones, tres de ellos por golpes en una pierna.