Árbol de Navidad

¿Sabes de dónde viene el árbol de navidad? Este es su verdadero origen

Uno de los protagonistas indiscutibles de la Navidad es el árbol. En la mayoría de hogares se decora el abeto en familia y en las ciudades más importantes, la decoración navideña gira en torno a este elemento. Existen muchas leyendas alrededor del árbol, pero ¿cuál es su verdadero origen?

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Decorar el árbol de Navidad en familia es una de las tradiciones que todavía se conservan en muchos hogares cuando llega el mes de diciembre. Una de las fechas más escogidas por los españoles para desempolvar el abeto es durante el puente de la Constitución, aunque los hay que el primer día del último mes del año ya se deciden a poner ambiente navideño en su casa para coincidir con el encendido de las calles.

Este elemento también es uno de los reclamos turísticos navideños de las grandes ciudades. Viajar a Madrid, New York o París para ver el árbol iluminado es ya una costumbre para los amantes de la Navidad.

En la actualidad, existen múltiples versiones del abeto. Se venden de todos los colores, naturales o artificiales, con luces incorporadas y de todos los tamaños. Pero ¿cuál es el verdadero origen del árbol de Navidad?

Se sabe que el origen de decorar los árboles es pagano y no cristiano. Los pueblos de la Europa Central ya hacían rituales en los que ponían velas en los robles o los decoraban con frutas y flores en los solsticios de invierno para asegurar la vuelta de la luz y de la vegetación.

En el siglo VIII, la tradición pagana derivó en cristiana tras la intervención del misionero inglés San Bonifacio, que taló el roble consagrado a Thor (ubicado en la región alemana de Hesse) al que cada año se le ofrecía un sacrificio. Tras talar el roble, San Bonifacio leyó el Evangelio y les ofreció a los lugareños un abeto en representación a la vida eterna por ser un árbol perenne y apuntar al cielo.

Las primeras ciudades que pusieron un árbol en una plaza fueron Tallin —en 1441— y Riga —en 1510—. El primer árbol de Navidad que apareció en Alemania fue en el año 1605 y, tras convertirse en una tradición, la familia Hannover la exportó a Gran Bretaña en el siglo XVIII.

A España, la costumbre de decorar el árbol de Navidad no llegó hasta el siglo XIX. La primera persona que puso un abeto navideño en el país fue una mujer de origen ruso. Se llamaba Sofía Troubetzkoy, viuda de un hermanastro de Napoleón. El árbol se instaló en el Palacio de Alcañices de Madrid (actual sede del Banco de España), propiedad del aristócrata español José Osorio, con el que la princesa rusa se casó en 1869.

A partir de ahí, la instalación de abetos decorados en los hogares y en los edificios públicos es toda una tradición que se conserva en la actualidad. En las calles, los árboles de Navidad cada vez tienen más bombillas y más metros de altura para impresionar a los transeúntes.

Las luces del árbol simbolizan la esperanza que trajo Jesús con su nacimiento y la costumbre de poner regalos debajo del abeto tiene la función de recordar que todos los bienes proceden de los árboles.

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