Alejandro Sanz sigue escribiendo páginas en la historia de la música y de la capital española: él fue el último artista en actuar en el estadio Vicente Calderón y este sábado se ha convertido en la primera figura nacional que asalta el Wanda Metropolitano en una velada que se ha saldado, una vez más, con éxito. El madrileño ha hecho debutar en casa su más reciente trabajo, "#ElDisco", nada menos que ante unas 55.000 personas que agotaron todo el aforo a velocidad estratosférica, demostrando que en vivo sigue siendo el coloso a batir.

Decepción solo para quienes hubiesen depositado sus esperanzas en ver un concierto de grandes éxitos, pues Sanz ha concebido un repertorio diferenciado, muy incardinado en ese citado último trabajo, doble platino en España, del que han sonado siete canciones de nueve, con un repaso asimismo a sus demás álbumes, pero no necesariamente por lo más trillado. No ha faltado 'Corazón partío' como remate, claro, ni 'Mi soledad y yo', 'Amiga mía' o '¿Y si fuera ella?'.

Sanz sorprendió a los suyos con la aparición sorpresa de Camila Cabello en 'Mi persona favorita', la de Sara Baras para bailar 'El alma al aire', la de Dani Martín en la popera 'Lo que fui es lo que soy' y de Pablo Alborán, el otro astro actual de la música española, en 'No tengo nada'.

La gran 'A' invertida que se ha convertido en el símbolo de esta etapa del músico ha recibido al público en forma de pasarela desplegada desde el escenario donde aguardaba la banda, una populosa banda de más de 10 miembros fundamental en el desarrollo de la velada y que sigue sin entender de géneros, con tantos hombres como mujeres.

Inmediatamente ha sonado 'Azúcar en un bowl', primera pincelada de ese "#ElDisco", álbum multicolor que el propio músico compara con la variedad de 'No es lo mismo' y que contiene algunos trazos arriesgados como este y también brochazos familiares que en el pasado dieron sus frutos.

"Madrid de mi alma, ¿cómo están? ¡Qué ganas tenía de esta noche!", ha exclamado en su primera intervención, agradecimiento a la fidelidad de su público e introducción a 'Aquello que me diste', que según él debería llamarse 'Aquello que me dais'.

La difícil acústica del Metropolitano parecía en ese punto empeñado en hacer de las suyas, porque al habitual emborronamiento se han sumado los gritos de un importante sector: "No se oye, no se oye", han protestado varias veces, lo que ha forzado a reubicarles en medio del concierto. No han tenido tanta suerte quienes desde la pista se quejaban de que, pese a haber pagado una entrada 'premium' de 135 euros frente al escenario, apenas pudieran respirar... Eso quienes han entrado, porque los hay que se han quedado fuera pese a haber abonado el ticket de esa categoría. sonas