Casi el 80% de las caballas que se pescan en aguas cercanas a Canarias llevan en su estómago pequeños fragmentos de plástico, en su mayoría, fibras sintéticas que con toda probabilidad proceden de las lavadoras con las que miles de hogares hacen a diario su colada.

Diez investigadores de las universidades de Las Palmas de Gran Canaria, Politécnica de Valencia y Delaware, Estados Unidos, publican este mes en la revista 'Marine Pollution Bulletin' un nuevo trabajo sobre la dimensión del problema que representan los millones de toneladas de plástico que cada año se vierten a los océanos, enfocado esta vez a un pescado de consumo muy común: la caballa.

Los firmantes de este trabajo presentan una selección de artículos publicados en los últimos ocho años que corroboran que se puede encontrar plástico en el aparato digestivo de múltiples especies de pescados y moluscos en todo el planeta, en algunos casos a niveles anecdóticos, pero en otros con tasas apabullantes. Y, a partir de ese contexto, hacen su propia aportación con 120 ejemplares de caballa atlántica comprados de forma aleatoria entre las descargas de las flotas artesanales de Lanzarote y Gran Canaria. El análisis de esos peces revela que 94 de 120 tenían plástico en su estómago, con un promedio de algo más de dos piezas por ejemplar.

Los autores del trabajo, encabezados por las investigadoras Alicia Herrera y Ajka Stindlová, recuerdan que las tripas de la caballa no suelen comerse en ninguna de sus preparaciones más comunes, pero también subrayan que cada vez es mayor la preocupación por los contaminantes orgánicos que llevan consigo los plásticos que ingieren los peces y que pueden pasar a la cadena alimentaria.

De sus resultados, resaltan cómo la mayor parte de la basura presente en el aparato digestivo de las caballas pescadas en Canarias son fibras textiles, algo que también se ha observado en algunos estudios realizados con capturas de California.