Cada año son desechados más de cuatro billones de cigarros en todo el mundo, los cuales pueden tardar hasta 12 años en degradarse. Solo en España, se consumen más de 90 millones al día. De esta abrumadora cantidad, muchos acaban en nuestras playas e, incluso en el mar. Según un estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona, los cigarrillos son el segundo tipo de residuo que más se acumula en la arena de las playas (30,6%), solo superado por los plásticos (36,8%).

El peligro no está solo en la acumulación de residuos, sino en los problemas medioambientales que puede acarrear. Un cigarro puede contaminar hasta 50 litros de agua dulce y entre 8 y 10 litros de agua del mar. El arsénico, el polonio y el alquitrán son solo ejemplos de todos los componentes químicos que puede desprender, que no solo contaminan las aguas sino que pueden causar la muerte a animales marinos.

Algunos lugares e instituciones ya han comenzado a tomar medidas. La Comunidad Valenciana está estudiando prohibir fumar en las playas por razones medioambientales y también de salud. Oropesa del mar ha sido la primera localidad de la zona en hacerlo bajo el lema “playas sin humo”.