Nixon recibió a los astronautas del Apolo 11 con todos los honores, pero eran tantas las dudas sobre el éxito de la misión que incluso un asesor del presidente le preparó un discurso por si acababa en tragedia.

Treinta años después de la hazaña se reveló un texto en el que Nixon anunciaba que Amstrong y Aldrin no podrían volver de la Luna, no había esperanzas de rescatarlos. Aunque los astronautas lograran llegar a la superficie de la Luna, nada garantizaba que el módulo se pudiera poner en órbita de nuevo y volver a la Tierra. Esa era la parte más difícil del viaje.

Había instrucciones precisas de que, en primer lugar, el presidente habría tenido que llamar a las viudas de los astronautas para comunicarles la trágica notica y, posteriormente, pronunciar un discurso a la nación explicando cómo "el destino ha dispuesto que los hombres que fueron a la Luna a explorar en paz, se quedarán en la Luna para descansar en paz. Estos valientes, Neil Armstrong y Buzz Aldrin, saben que no hay esperanza alguna de rescatarlos, pero también saben que en su sacrificio sí hay una esperanza para la Humanidad".

Asimismo, añadía que ellos "fueron los primeros, y seguirán siendo los primeros en nuestros corazones" y "seguramente encontrarán el camino a casa".