Liopardo

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Maroto y las mesas mágicas

Maroto y las mesas mágicas
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Imagen no disponible | Montaje
Una antigua leyenda birmana habla del espíritu de los muebles. Consiste en que, bajo determinadas condiciones astrales y meteorológicas, las personas más cercanas a una mesa llegan a identificarse con ella. En el caso de los muebles de Ikea, hasta los espíritus desconocen lo que significan las palabras Olofstorpp o Fintorp, por lo que solo se corre el riesgo de acabar con una ligera migraña. Pero no es así en otros casos, que entrañan serio peligro. Esta semana soplaba un ligero viento racheado de poniente, la humedad era del 37% y Venus estaba en el signo de Leo. Era un mal momento para ponerle nombre a las mesas, como hizo el vicesecretario sectorial del PP y exalcalde de Vitoria, Javier Maroto en el banquete posterior a su boda. Hemos conseguido hablar con algunos de los camareros encargados del servicio y nos han contado, aterrados, lo que ocurrió aquella noche en las mesas Celine Dion, Massiel, Camela, Olivia Newton John y ABBA. Así, mientras Mariano Rajoy, en la mesa Celine Dion, canturreaba en voz baja mientras sujetaba dos gambas con las manos y las hacía bailar abrazadas; Soraya Sáez de Santamaría, en la mesa Camela, se ponía chunga e insistía en retar a los demás comensales para que se vieran las caras con ella en la calle, aunque luego se calmaba y decía que ante todo debía triunfar el amor. Nada de esto fue advertido por los invitados sentados en la mesa Massiel, que acumulaban botellas vacías de vino blanco en la mesa y gritaban desaforadamente hasta que cayeron rendidos, tomando el relevo entonces los de la mesa ABBA, que se despojaron de las chaquetas y bailaban con la camisa desabrochada hasta el ombligo. Esta circunstancia la aprovechó María Dolores de Cospedal para subirse a la mesa Olivia Newton John, agarrar de la corbata a Pablo Casado y obligarle a bailar con ella. Repentinamente, dejó de soplar el viento y las nubes ocultaron el cielo. Mariano Rajoy se sintió despertar de un sueño, decidió pelar una de las gambas que tenía en su mano, la introdujo en su boca y se vio sorprendido porque, sin saber el motivo, una lágrima caía sobre el plato.

Super Falete | Madrid | 27/02/2018

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