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Inma Cuesta, Camilo Sesto y las alteraciones de la imagen

Inma Cuesta, Camilo Sesto y las alteraciones de la imagen
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Es curiosa la estética. O, mejor aún, la idea que tenemos nosotros de cómo nos perciben los demás. Esta semana, en lo de las vísceras, hemos podido ver dos casos curiosos por aparentemente opuestos: el de Inma Cuesta y el de Camilo Sesto. Inma Cuesta se quejaba en Instagram (la red de fotografía de los mil filtros por excelencia) de que habían retocado mucho su imagen antes de publicarla en el suplemento semanal de un diario. Dice que le han estirado mucho el cuello, que le han quitado chicha de los brazos, que la han dejado sin expresión y no sé qué más. Luego resultaba que las fotos eran de la agencia que promociona su película, pero esto ya es otro tema. O no. Debería aprender de Camilo Sesto, que juega su propia liga en lo de alteraciones de imagen, y ya no en fotografías, sino en persona. Él es un ser humano que tiene sesenta y nueve años, pero que ha pensado por su cuenta y riesgo que nos puede convencer de que no tiene más de treinta. Lo ha decidido él, se lo ha dicho a los cirujanos y ellos han hecho lo que han podido, pero “quod natura non dat chirurgi non praestat” o, dicho de otro modo, los médicos han hecho lo que han podido, pero lo propio sería que bajaras a jugar a la petanca con tus amigos de toda la vida o a ver obras apoyado en una valla con tu melena al viento.

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Resulta que ahora Camilo tiene ojos de chino estreñido porque probablemente le han estirado desde detrás de las orejas para que no se vea la cicatriz y le ha pasado lo mismo que a la niña que siempre estaba asombrada hasta que su madre empezó a darle una vuelta menos al hacerle el moño. Al mismo tiempo, tiene boca de pato salvaje de las marismas, que te lo encuentras por el parque y le echas migas de pan. También está su pelo, que no parece siquiera de mamífero y creo que por la noche duerme aparte en un cojín de su habitación. En realidad, solo le falta la cola de castor para ser un ornitorrinco, por lo que hay que felicitar a los cirujanos, aunque solo sea por las risas.

Super Falete | Madrid | 27/02/2018

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