Liopardo

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Eurovisión y el misterio del televoto

Eurovisión y el misterio del televoto
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-¿Esta noche salimos? -¿Esta noche? Estás loco. Hoy es Eurovisión. -¿Ves Eurovisión tú? ¿Eres el mismo que lloraba desconsoladamente cuando murió Joe Strummer? -Esto es más fuerte, tío. No espero que lo comprendas. Por supuesto, el sábado me dispuse a ver el festival, religiosamente, como vengo haciendo de forma ininterrumpida desde que tengo cuenta en Twitter. Cargo la batería del móvil, me preparo una buena cena, me sirvo una copa y me quedo hipnotizado delante de la pantalla del televisor viendo desfilar a los cantantes acompañados de unos figurantes vestidos con rollos de papel higiénico, descartes del bazar chino y collares de macarrones. Cuánta gloria. “Este año va a ser apoteósico”, pienso. Nunca defrauda. Por el escenario van pasando uno a uno los representantes de veintiséis países. Está hasta Australia, lo que provoca (otro año más) controversia en Twitter. Los norteamericanos, que ven por primera vez el festival, comentan “¿Ves como yo tenía razón? Australia está en Europa”. Continúa el show y vemos a una azerbaiyana bastante guapa, a un húngaro recién salido de un gimnasio con rayos UVA, a la alemana que es una mezcla entre Amélie y Carrie, a un polaco que parece Pablo Iglesias vestido de Prince... Y yo, mientras tanto, me preparo una segunda copa, puede que ya la tercera. Sale España, una de las favoritas, dicen. Se tira al suelo, el árbitro no pica y no decreta penalti. Turno para la ucraniana. Parece que está sufriendo mucho. No doy un euro por ella, lo que la convierte en una de las favoritas.Y, al final, acaba todo con Armenia. Es mi favorita, aunque alguien debería decirle que no cante porque no es lo suyo. Tras la actuación del Justin bueno llega lo de las votaciones, que es esa parte e n la que nos han enseñado que todo el mundo vota a sus vecinos y amigos. Es una forma cruda de descubrir que España no tiene vecinos ni amigos. En cambio, Australia, que tiene pocos vecinos europeos, va ganando. Y gana, y gana durante todo el proceso de votación hasta que, al final, nos dicen que no se ha contado el televoto. Aprendemos otra cosa más: España no tiene vecinos ni amigos, pero tiene todavía menos televoto. Al final, resulta que todos habíamos votado a Australia, menos los del televoto, que han votado a Ucrania como si no hubiera mañana. Me he sentido engañado porque Eurovisión merecía ganarlo la coreana que representaba a Australia. ¿Hay algo más europeo que querer a los que no son europeos siempre y cuando permanezcan lejos de Europa? Que se lo pregunten a los refugiados.

Super Falete | Madrid | 27/02/2018

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