Liopardo

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De gafes y contragafes

De gafes y contragafes
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Lo voy a decir en castellano para que luego no me corrijan: “Yo no creo en las meigas, pero haberlas, haylas”. Porque no se puede negar que hay personas con indudable poder para hacer el mal, incluso sin querer, y uno de sus principales exponentes es el gafe. Pensaréis (con razón, yo hace unos meses también lo habría creído) que ya se me ha ido la poca cordura que me quedaba; pero yo afirmo que los gafes no solo existen, sino que pueden ser clasificados en tres grandes apartados, según los estudios que yo antes tenía como pseudocientíficos. Están los gafes clásicos, los manzanoides y los sotanillos. Los gafes clásicos solo se dan mala suerte a sí mismos, así que bastante tienen con ello. Pero los manzanoides son más peligrosos, porque extienden la mala suerte a su entorno. Y, por encima de todos, como gafe supremo, se encuentra el sotanillo, que es solo gafe con quienes le rodean. Es una fuente de gafismo. Para aclararnos: os podéis subir en un autobús con un sotanillo, pero no con un manzanoide. Eso sí, si el sotanillo se baja en una parada, bájate con él aunque no sea la tuya, porque el resto del viaje ya será peligroso al haber impregnado el vehículo con su mala suerte legendaria. Hace meses que advertí que un periodista deportivo a quien no voy a nombrar por el peligro que tiene hacerlo innecesariamente (que lo haga el editor si quiere), fallaba en todos sus pronósticos. Estábamos ante un manzanoide de manual. Es un dato importante, porque resulta que desgraciadamente su equipo es también el mío. Eso ya no lo consiento, hasta ahí podíamos llegar. Ideé una solución desesperada: busqué una foto en la que aparecía vestido con la camiseta del rival. Y funcionó. Seguí repitiendo en las once jornadas que faltaban para acabar la competición y tuve un pleno en efectividad. La usé también en la Champions y llegó la undécima. Cuando terminó el partido lo primero que hice fue enviar un abrazo afectuoso a los colchoneros. Me sentía responsable de todo lo que sucedió en ese partido. Sé que esa foto hizo posible que Griezmann, un jugadorazo, estrellase un penalti en el larguero. También hizo fallar a Juanfran al final. Ya sabía que pasaría, porque estaba dibujado en las estrellas desde que conseguí domar a un manzanoide.

Super Falete | Madrid | 27/02/2018

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