A menudo se desvelan historias relacionadas con el maltrato animal que ponen los pelos de punta por la crueldad de las acciones.

Ahora hemos conocido el trance por el que ha tenido que pasar Harry, un pequeño perro que encontraron solo y abandonado en una canasta de baloncesto.

El animal había sido rociado con ácido, lo que había provocado lesiones graves en la columna vertebral que obligaron a someterle a duras operaciones.

Tras mucho sufrimiento, fue adoptado por Angie, su actual dueña, en la isla de Aruba, situada en el mar Caribe. Ella y su marido fueron los que llevaron a Harry hasta su casa en Shelburne Falls donde, ya sin piernas traseras, le proporcionaron ayuda.

Una vez allí le fabricaron una silla de ruedas con la ha podido volver a andar después de tanto tiempo sin movilidad.

En una entrevista, Angie ha explicado la dureza del proceso y hasta que en un momento dado se plantearon el sacrificio.

"Después de traerlo de regreso aquí, lo llevé a mi veterinario y le hice radiografías, supe que tenía espina bífida. Fue duro. En algún momento se llegó a discutir hasta la eutanasia", ha afirmado Angie.

© Newsflare / LuvPug

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