Los nacimientos son de las operaciones médicas más complicadas que existen. Muchas mujeres se encuentran con partos complicados, imprevistos e incluso repentinos. Los vaivenes del embarazo pueden generar una situación inesperada que obligue a actuar de inmediato.

Algo parecido es lo que le sucedió a Kym Brown y Ryan Evans cuando les dijeron que el ritmo cardíaco de su bebé no era el habitual y debía nacer ya. Se encontraba en la semana 24 de gestación y no podía creer lo que le estaban diciendo.

La pequeña Isabella nació con numerosos problemas que iban desde complicaciones respiratorias al escaso desarrollo de muchos órganos de su cuerpo. Los médicos dijeron a los padres que su hija tenía solo un 5 por ciento de posibilidades de que pudiera sobrevivir. Sus manos eran minúsculas, inferiores al tamaño de una moneda y su cuerpo apenas pesaba 340 gramos. Al nacer, le tuvieron que intubar la nariz y la boca para poder alimentarla y subministrarle oxígeno.

Sin embargo, después de dos operaciones, el cuidado del hospital y el cariño diario de sus padres, la pequeña se fue recuperando paulatinamente. Pasados seis meses pudieron abandonar el hospital y ahora son conscientes del milagro que han vivido.

En un post en Facebook, Kym ha explicado que “siendo realistas ella no debería estar aquí. Hubo tantas veces que podríamos haberla perdido pero nunca dejó de pelear. Amamos cada parte de ella. Es perfecta". "¡Vamos a envolverla en plástico de burbujas para el resto de su vida!", bromea.

La familia ya se encuentra feliz y a salvo en su casa de Bishop’s Cleeve en Gloucestershire, Reino Unido desde Navidad. Isabella es el segundo bebé más pequeño que ha nacido nunca en el Reino Unido tras Aaliyah Hart, quien también pesó 340 gramos al nacer en Birmingham en 2003.

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