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ENTERNECEDOR

La entrañable amistad entre un niño de 2 años y una abuelita de 100 que ha unido la pandemia

Los dos vecinos conversan cada día en el patio, a través de la verja que los separa.

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Debido al confinamiento por el COVID-19, personas de todas las edades se han visto en una situación solitaria, sin nadie con quién conversar o sin amigos con los que jugar. Tales son los casos de Benjamin, un niño de actualmente 2 años que lleva aislado desde los 9 meses de edad, y Mary, su vecina, una anciana de 100 años recién cumplidos, enviudada hace 37 y cuyo entretenimiento en cuarentena era pasar los días viendo la televisión.

Los 98 años de diferencia no han impedido que entablen una tierna amistad a través de la verja que separa los dos jardines traseros en Minneapolis (Minnesota, Estados Unidos). Mary ya no se sentía sola, y Benjamin tenía una nueva amiga con la que poder jugar.

Así, Benjamin pasaba más tiempo fuera de casa, practicando sus primeros pasos. "Durante todo este tiempo, Mary se convirtió en su única amiga fuera de la familia inmediata" contó a USA TODAY Sarah Olson, la mamá de Benjamin. Tal es la repercusión de esta peculiar relación que ha sido portada de periódicos y está siendo conocida en muchos lugares del mundo.

Los Olson llevan siendo vecinos de la entrañable Mary desde hace 12 años, pero la relación se limitaba a cordiales saludos. Ahora ambos saben que la nueva normalidad no les separará. "En medio de las restricciones de la pandemia" comenta Olson, "pasamos mucho tiempo en nuestro patio trasero, eso significó que vimos a Mary más de lo habitual".

A medida que los pasos de Benjamin se hacían más seguros, la amistad también se volvía más activa. Comenzaba a correr hacia Mary, pelota en mano, para jugar a lo que fue su pasatiempo favorito: pelota-bastón: Ella le lanzaba la pelota con el cayado, y el pequeño iba a buscarla.

Poco a poco se incrementaban los juegos entre la valla: cohetes que sobrevuelan ambos patios, pompas de jabón que flotan sobre sus cabezas, o incluso, simplemente, charlas que sólo ellos entienden. "A veces son sólo un par de minutos, Mary saluda y Benjamin saluda", relata Olson. "Otras veces se quedan en la cerca durante una hora o más, y juegan, hablan, o simplemente mira". Mary también sacaba del trastero camiones de juguete de su marido, fallecido hace 37 años, y se los ofrecía a su pequeño amigo para que jugara con ellos.

Según explica Sarah, lo más interesante de esta relación es que nadie la forzó, ni se intentó trabajar en ella. "Simplemente surgió de manera natural y orgánica. Interactuaban, y eso se convirtió en una amistad por sí sola".

Para Mary O'Neill, tanto Benjamin como su hermano menor son como "lo más parecido a dos nietos que tengo por aquí". Su familia (hijos, nietos y bisnietos) no vienen en Minnesota, así que nadie podía ir a visitarla. Por esta razón, tanto se acostumbró a las visitas de Benjamin, que los días de frío y lluvia le resultaban especialmente difíciles. Nadie salía al patio a saludarla.

Para Benjamin, Mary ha sido su primera amistad, tal y como cuenta Olson: "ver a mi hijo encontrar a su 'primer mejor amigo' ha cambiado mi perspectiva sobre la amistad". Una preciosa demostración de que la amistad no conoce fronteras. Ni vallas de jardín.

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