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No me llames Delorean llámame Lola

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Sí, queridos amigos, hoy Marty McFly llegaba al futuro y comprobaba cosas terribles como que las zapatillas Nike se abrochaban solas, los patinetes volaban y los jefes despedían a sus subordinados mandando faxes. El mundo, sin embargo, ha sido aún peor: Las zapatillas Nike las abrochan en Bangladesh (y no precisamente trabajadores cualificados); nos despiden con patadas en el culo y en masa, con una cosa llamada ERE; recibimos miles de emails al día de príncipes nigerianos que quieren compartir su fortuna con nosotros, y de farmacéuticas que desean vendernos sus reservas de Viagra a un precio tirado; tenemos grupos de Whatsapp que nos invaden con los chistes mierder que vimos en Twitter hace dos meses; y el cine es una colección de refritos de películas de hace 20 años, con guiones de saldo y muchas explosiones sin sentido... y lo único que está por las nubes no son, por desgracia, patinetes ni coches, sino ¡ay! las facturas de la luz y el gas.

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También estos días se habla del tráiler de Star Guors, porque en eso sí que acertó Marty: en el futuro nos volvemos gilipollas. Pero mucho. Ya no se dice “Yedi” ni “Guerra de las galaxias”. Ahora es Yedaaai y Estar guooors, y hay una generación de cuarentones a la que se la hace el culo Pepsicola viendo a Han Solo, Leia y Luke recién llegados del geriátrico de Wisconsin o de la clínica de rehabilitación Betty Ford con más arrugas que un Shar-pei y rodeados de rayos láser y naves voladoras.

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¡Oh, qué tiempo aquellos de 1985 donde un equipo de 10 personas tumbadas en el suelo, fuera de plano, se las apañaban para obrar la magia a base de tirar de cuerdas y soplar tubitos, y crear los efectos especiales para que le encogiese la ropa a Marty McFly! Han pasado 30 años y a los únicos que se nos ha encogido algo es a los espectadores. A unos el cerebro, tras claudicar ante el Hollywood palomitero de cartón piedra, y a otros, una inmensa minoría, el corazón, pues los recuerdos deberían permanecer en el cajón de la memoria, dormir el sueño justo de la nostalgia, y seguir ocupando en nuestros corazones la ilusión que aquellos tubitos, aquellas cuerdas que hacían volar las naves especiales, coches y patines, forjaron en nuestras vidas; donde la magia no dependía de un vulgar y omnipotente ordenador, sino de una pantalla de cine que encerraba un misterio inexplicable y que, por unas horas, nos trasladaba al mundo de los sueños y de la fantasía, un lugar que nos elevaba mucho más allá del futuro. 88 curiosidades sobre 'Regreso al futuro'

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CUESTIONARIO: ¿Cuanto sabes de 'Regreso al futuro'?

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