En los últimos tiempos todos el mundo se apunta a ser cocinero (perdón, ‘Chef’), y tiene en su cocina un sifón, una jeringuilla para hacer esferificaciones, y cosas con nombres como alginato que hacen que el Quimicefa de antaño no parezca el juego de niños que fue. Pero esto, queridos amigos, no es nuevo. Hay libros de cocina que han sobrepasado los límites de la realidad con propuestas más audaces que las que vemos parir cada semana en televisión, o  las que salían de la genial cabeza de Ferran Adrià.

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"Cocina para uno en el microondas.” Me encanta ver a la madre toda feliz con los 150 platos “para uno”. Es el reflejo puro de la madre típica: Esa mirada de serial killer de cuando vas a comer a casa que parece decirte por “si te quedas con hambre hay 149 platos más que te he hecho”. Y, por supuesto, el remate final en toda comida o cena materna “si no quieres más te lo meto en un tupper."

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"La comida del astronauta”. No sé qué comerán los astronautas. Tortilla de patatas o filete de ternera me da que no. De todas formas, lo que más me inquieta de la imagen son esos guantes con dedos como morcillas para agarrar los cachitos diminutos de comida liofilizada, y el pobre astronauta ahí, con ese casco enorme, que debe estar angustiado pensando “no sé qué hacer, porque como me levante la visera igual me explota la cabeza".

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Natural harvest” (Cosecha Natural) es un libro de recetas de cocina hechas con semen. Sí, lo tal cual. De entrada me surgen varias dudas: Si te dicen que debes batir los huevos ¿a cuáles se refieren? A la hora de comer, ¿hay que usar servilletas de hilo, o kleenex? Un eyaculador precoz ¿es un chef de fast food? ¿Cómo han logrado hacer el flan de la foto? ¿Atracando un banco de esperma? De todas formas, no sé si el contenido del libro valdrá la pena. Creo que hay mucha paja.