Esta semana estaba leyendo la revista ¡Hola! porque me la dejó una amiga no porque yo la lea que nunca jamás la leo, por supuesto, y estaba mi queridíiisima Tamara Falco. Esa mujer que si da su cerebro a la ciencia, la ciencia se lo devuelve por correo certificado. Ahora se ha hecho diseñadora de moda ¡aguanta la pedrá!

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Tamara define su colección como GYPSTER, que supongo que viene de Gilipollas Y Poco Stress, porque la chavala trabajar, lo que se dice trabajar, como que no. Claro que viendo cómo está el percal con el desfile de Balenciaga, Tamara Falcó queda a la altura Albert Einstein. Esta colección podría llamarse “El día que un camión de 6 ejes pasó sobre mí”, o “Lo malo de la liposucción es que luego todo te queda flojo”.

 

Todo esto no nos sorprende en absoluto porque llevamos años sufriendo en silencio a la reina de la moda absurda (valga la redundancia) que es Agatha Ruíz de la Prada, que se cayó en una marmita de unicornios y golosinas de pequeña porque, si no, no  se explica que lleve 40 años haciendo ropa imponible con corazones rosas y verdes que no hay Colirio que soporte eso. Ahora ha lanzado una línea de pegatinas para sandías (lo que os cuento), que yo creo que, si llega a caer un poco más bajo, aparece en Nueva Zelanda.

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Pero sin duda la reina de la belleza de esta semana no ha sido Agatha, ni Tamara ni la mismísima Barbie sino nuestra querida muñeca Nancy. Así la vistió un sujeto ¡qué digo sujeto! ¡¡UN GENIO!! para burlar a la policía y poder circular por el carril Bus Vao. Ese forro polar del Decathlon con 45º de calor que están cayendo a plomo, que la pobre muñeca debía tener el plástico sudao, esas gafas Rayban que sobrevivieron a la ruta del bakalao, la gorra toda colocada, y los auriculares para que escuche lo de las muñecas de famosa que se dirigen al portal, merecen que nuestro aplauso, ovación y vuelta al ruedo de la semana vayan para este héroe del siglo XXI.

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