Sí queridos amigos, Charlie Sheen tiene el VIH, que no es lo mismo que tener SIDA (que es la etapa final del virus, que lo he buscao en Google). No es de extrañar que Charlie tenga esta enfermedad —y si Charlie la tiene, definitivamente la tienen Julio Iglesias y Warren Beatty— porque en su prepucio los tres amigos llevan impregnados el ADN de todas las meretrices y starlettes de Hollywood.

 

Charlie ha confesado que se gasta 24.000 dólares en prostitutas cada noche porque le gusta organizar orgías de cocaína donde, como parte del pack superdiversión, las obliga a ver sus películas. Hugh Heffner a su lado es la madre Teresa de Calcuta. Lo de obligar a alguien a ver pelis de Charlie Sheen debe ser una nueva moda de masoquismo hardcore: — Soy la ama del calabozo y te voy a dar pal pelo, esclavo. Puedo echarte cera fundida en los pezones, colgarte de las pelotas con las pinzas de arrancar la batería del coche, o ponerte la filmografía de Charlie Sheen. —Oh, sí, ama, ponme las pelis que he sido muy malo. El mismo Charlie ha quitado hierro al asunto diciendo que esto no es nuevo, y que lleva años enganchado al porno, al sexo y a la droja, que es como si Amy Winehouse hubiera confesado en un alarde de sinceridad que se había pasado medio Colombia por el tabique. Pues no nos pilla de nuevas, la verdad. Tampoco entiendo muy bien qué pelis obliga a ver, porque hizo una peli muy buena llamada Wall Street, y luego Hot Shots 1 y 2 y después ya dejó el cine y se puso a hacer esa serie infame llamada Dos hombres y medio, donde sale un niño gordo que en el capítulo siguiente se convierte en un adolescente delgado, y en el siguiente es otra vez el mismo niño pero mucho más gordo. En este país programan las series que da gusto. Pero ya lo dije una vez, la muerte nos hace a todos buenos, así que si Dios no lo remedia —o quien esté encargado del cotarro— al ritmo que Charlie lleva su vida pasará de darse baños en champán francés a sumergirse en las aguas de la laguna Estigia, y entonces, sólo entonces, nos hartaremos de escuchar alabanzas a una gran leyenda del cine. La hipocresía de la opinión pública, otro virus terrible.