Valencia está de moda y no por las fallas, que también, sino por haber instalado semáforos donde el peatón es una peatona. Hay voces a favor, y voces (las muchas) que dicen que eso es una soberana gilipollez. Pues no, porque la paridad (de igualdad, no de parida, aunque empiezo a tener mis serias dudas) empieza por gestos como estos. Sigamos este inspirador ejemplo y cambiemos todas las señales para lograr un mundo más igual:

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¿Por qué es la madre la que lleva al niño al colegio? ¿¿Dónde está el padre?? Ah, claro, papá está en el sofá viendo el fútbol y tomándose su cervecita, seguro. Pues que salga que se va a enterar. Y la abuela. No, la abuela no, el abuelo. Que deje de mirar las obras de la autovía y lleve a los niños al cole. Y en vez de poner un niño, que pongan una niña, que también tenemos derecho a ir al cole, ¿qué somos, talibanes o qué? Mejor una señal de 4 metros de ancho para meter a un niño y una niña, a los abuelos, y a los padres yendo al cole todos a mogollón.

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Ah mira, ya han puesto al padre. ¿Por qué cuando sale un hombre lleva el maletín? ¡Queremos una madre que lleve maletín! Es más: queremos que el maletín de la madre se lo lleve un chófer porque la madre es una jefaza. Y que se vea el cochazo de empresa. Y en vez de chófer, choferesa. Y en vez de coche, cocha. Pues si no existe esa palabra que la ponga la RAE, que bien que han puesto amigovio y papichulo. Que yo me a veces pregunto si han puesto de académico a Vargas Llosa o a Pitbull.

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¿Un hombre obrero? Esto es inaudito. También hay mujeres obreras, señores. Queremos piropear a los señores que pasan, poder decirles que ese culito no pase hambre, masticar palillos de dientes, rascamos el culo como Rafa Nadal antes de un saque, y desayunar un carajillo manchado con café a las 6 de la madrugada.

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Muy bien, el señorito montando a caballo y yo en casa poniendo lavadoras. A ver, rápido: Nuestra señal de una mujer de tiendas, y otra con las amigas en Cuba, o en Ibiza, o en Matalascañas, me da igual. Y por supuesto una de despedida de soltera, pero en vez de ese casco de pijo, gorras con pollas de peluche.

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Ya por último, no podía faltar esta señal tan ofensiva, tan machista y recalcitrante. Un hombre diciéndonos que no pasemos a sus dominios. ¡Habrase visto! Pues si quieren guerra la van a tener. Exigimos una señal de una mujer gritando, y debajo que haya varias opciones de textos: “QUE BAJES LA TAPA DEL VÁTER”, o “PERO NO ME PONGAS LOS PIES EN LA MESA” o “PUES SI VIENE TU MADRE A COMER LE HACES TÚ LA COMIDA QUE A MÍ SIEMPRE ME PONE MALA CARA” o, la más necesaria: “NO ME PISES LO FREGAO”. Ahora sí que se van a enterar.