Hace una semana agosto se despedía como una larga tarde de domingo, con ese sabor melancólico que otorgan las grandes ciudades vacías de gente y coches, desnudas, indefensas. Una mañana despertamos y ya era septiembre, hombres trajeados caminaban a toda prisa por las calles, ya no había hueco para aparcar y en las cabezas de los padres (madres y padres) un guarismo nos vigilaba desde el cielo como la madre de Woody Allen se le aparecía en el cielo de Nueva York en la peli aquella. Ese número, esa fecha terrible, apocalíptica era el inicio del curso escolar.

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A mí también me tocó sufrirlo. Y no pienso quedarme en silencio porque si no reviento. El 1 de septiembre recibí un correo del cole con instrucciones precisas que debía seguir para que me hijo fuese a clase hecho un pimpollo. Imprimí los nueve folios de indicaciones que venían adjuntas: “Zapatos azules pero no azul celeste ni negro sino azul marino. No tipo mocasín sino con cierre de velcro. Cordones nunca. [Esto es como lo de las cárceles, qué mal rollo]. Suela de goma para evitar resbalones, no de cuero. Camisa blanca con una rayita azul transversal en el cuello, no azul marina, sino azul azul. Jersey con el escudo del colegio [el escudo es muy importante], calcetines azul marino… [joder qué perra con el azul]….” Así nueve folios. Madre de dios, había que hacer un curso para preparar a mi hijo al curso. Y eso que es un colegio concertado. Concertado con la pasarela de Milán, porque no me jodas: 250 euros que tuve que soltar. Y me dice el de El Corte Inglés. “Le damos el 10% en Corticoles”. A mí sí que me ha dado un corticol de digestión, caballero. Menos mal que mi hijo no va a un cole privado, porque, si no, me tengo que meter a puta.   Luego le fui a comprar los libros de texto, que esa es la segunda parte del tocomocho este: Le cambian el orden de las páginas y dos chorradas más a los libros para no poder usar libros de segunda mano de un año para otro. Así que otros 250 euros. Salí de la Casa del Libro pensando que después de gastarme los ahorros me confunde mi hijo "A ver" con "Haber", y de la hostia que le meto se hace Académico de la RAE. Tengo la Visa que cuando la saco del monedero el chip se pone a llorar. Bueno, os voy a tener que dejar que me ha llegado otro correo del colegio. Temblando estoy. Antes de abrirlo voy a poner un anuncio en la sección de relax del periódico porque me huelo que vienen curvas.