Liopardo

Liopardo

A mí que me registren (Lobo is in the air)

A mí que me registren (Lobo is in the air)
Imagen no disponible
Imagen no disponible | Montaje
Salvo accidentes, atentados o defunciones de famosos, agosto se caracteriza por una falta de noticias que desemboca en la publicación y el engrandecimiento de chorradas supinas para rellenar las páginas de los famélicos diarios, y ocupar el dilatado tiempo libre del que disponen sus lectores. Twitter, fuente de chascarrillos y debates que alimentan los Whatsapp y Facebooks de la población de medio mundo, se halla a medio gas, lo que impulsa esta afición de encumbrar lo banal al Olimpo de la trascendencia. Este año le ha tocado el turno a unos padres que querían llamar a su hijo Lobo, pero se han topado con un funcionario que les ha dicho que eso ni es nombre ni es nada. Los padres han aullado de rabia y, tras mucho pelear, al final han conseguido su objetivo.

 

Dice la ley que los soviets que pueblan la burocrática administración española deben regirse por su criterio personal, ya que la ley sólo exige que el nombre no sea ofensivo, lo cual no ayuda nada y enreda aún más la madeja. Imagino la escena el primer día: — Buenos días, quería registrar a mi hijo Lobo Martínez. —¿Lobo? ¿¿Lobo?? ¡Jajaja! — Ríe el funcionario, que muestra cercos de sudor en la camisa amarilla de manga corta, rodeado de ochenta pasquines de UGT clavados en el corcho de detrás—. ¡¡Kevin, Paloma, Fulgencio, África, León, venid y escuchad a este lo que está pidiendo!!

 

¿Qué es válido y qué no lo es? Lobo es cierto que no es algo habitual, pero sí lo es Lope, que deriva del Lupus latino, o lobo. O Pilar, que es una columna porque a una virgen se le ocurrió aparecer ahí. Imaginaos si llega a parecer, no sé, en un locutorio. “Hola, me llamo Locutorio Rodríguez pero puedes llamarme Locu”. Ojo, que hay unos padres que casi casi: Han conseguido llamar a su hijo Goku. ¿Cómo será su vida? De entrada el chaval se pasará el día jugando con lo que salga de las bolas, claro. Y la casa llena de cagadas de tortuga, esa es otra. ¿Quién no ha tenido una tortuga cuando era pequeño? O dos, una macho y una hembra que se distinguían por las manchas al darles la vuelta.  Y estábamos todo el día puteando al bicho sólo para asombrar a las visitas con lo que sabíamos de sexo tortuguil. Ah, esa isla amarilla con palmera y rampas … ¡Qué recuerdos! Pues el niño Goku igual, solo que su tortuga es mucho más chunga porque es un señor mayor con pinta de alemán jubilado en Mallorca pero con un caparazón en la espalda. O sea, como si tu abuelo se come las pirulas que tenías para salir de fiesta. Luego también los padres de Goku andarán reventados con tanta energía que tiene el niño, aunque en bombillas no van a gastar, eso es un plus. Al final, son más las ventajas que los inconvenientes. Sólo hay que abrir un poco nuestras miras y aceptar que, en unos años, ese nombre raro será algo de lo más común. Bueno, salvo Yésica, Yonatan, Brayan y Kevin. Esos no, por favor. Nunca

Señorita Puri | Madrid | 27/02/2018

Los mas vistos

Más noticias

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.