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Sesudo análisis de parte de la obra de un poeta

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"Todo pasa y todo queda", dijo el poeta (Antonio Machado, que poetas hay montones). Lo dijo hace mucho tiempo. Tiempo del de antes de internet. Tiempo del de antes de las redes sociales. Tiempo largo de verdad. Mogollón de tiempo, traducido al lenguaje actual. Y es que desde que Einstein se puso a juguetear con la relatividad espaciotemporal, ya nada es lo que era, oiga. "Pero lo nuestro es pasar", dijo a continuación el mismo poeta (Antonio Machado, para la gente con poca retentiva para los nombres).  El bueno de Machado se refería a pasar como ir de un sitio a otro estando de paso, sin detenerse. Ahora, naturalmente, pasar significa no prestar atención alguna a nada y seguir adelante, sea lo que sea ese adelante, del que solo sabemos que hay que llegar deprisa. "Pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar". También esta peregrina idea ha tenido una exitosa continuidad en nuestros tiempos. Hacer caminos sobre la mar es, ya lo vamos avanzando para no hacer perder tiempo a los emprendedores más obtusos, una pérdida de tiempo. Sin embargo, algo debe tener de interesante, porque se ha repetido con posterioridad. Por ejemplo, los más viejos del lugar recordarán que cuando la vía del AVE pasó por Aragón, empezó a sufrir desvanecimientos que hacían que algunos tramos se hundieran incomprensiblemente. Lo mismo ocurrió cerca de Barcelona, una ciudad que sonará a algunos porque es donde se celebraron unos juegos olímpicos sin plaza Mayor ni nada. Los caminos sobre la mar no siempre llegan a buen puerto. Cosas que pasan (o no). "Nunca perseguí la gloria". ¿Ves? Ahí la cagó. Ahora sí, ahora se busca la gloria. Efímera, porque los pisos suelen ser pequeños y la gente no está para almacenar grandes cantidades de gloria en su trastero. Un poquito de gloria, unos segundos, y andando, que es gerundio. Microglorias. Algo teníamos que inventar, que hemos cambiado de siglo y cada vez se lee menos y se grita más. Ya basta (lo leo de un Post-it en voz baja). "Ni dejar en la memoria de los hombres mi canción". Pues eso que llevaba ganado. Cualquiera que haya visto alguno de los concursos musicales que se perpetran en televisión sabrá a qué me refiero. No dejar en la memoria puede ser, en muchos casos, una muestra de excelente buen gusto. “Yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón”. Aquí, sí, aquí el poeta (Machado –Antonio–) se habría vuelto loco con nuestras costumbres. Hay que reconocer que en lo tocante a hacer estallar burbujas llevamos siglos de ventaja a alguien que vivió hace poco más de un siglo. Y es que, con esto de la relatividad espaciotemporal, ya nada es lo que era, oiga.

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